Google+ Aislado en este planeta: Derribando murallas

martes, 6 de junio de 2017

Derribando murallas

La evolución de las ciudades españolas y su ordenación urbanística ha sido lenta y paulatina a lo largo de los tiempos, pero fue en el siglo XVIII cuando las ciudades comenzaron a planificarse formalmente para adaptarlas a los nuevos usos que imponía el progreso. 

Primero aparecieron nuevas urbanizaciones en torno a los arsenales marítimos para alojar al personal de servicio, realizadas por ingenieros militares, que era el cuerpo técnico más importante en la España de la época. Son ejemplos de aquellos primeros ensanches Cartagena, Ferrol, San Fernando y el barrio de la Barceloneta. 

Ensanche de Barcelona


Pero fue en las últimas décadas del siglo XIX cuando comenzó el verdadero crecimiento de las ciudades españolas que vino vinculado al desarrollo industrial y a la aparición de una incipiente burguesía que comenzó a demandar nuevas zonas residenciales donde ubicar viviendas de más calidad alejadas del hacinamiento del casco histórico. Así se inicia en España una de las experiencias más peculiares del urbanismo del siglo XIX, aportando unas formas originales que fueron los "ensanches", bien distintas del modelo de crecimiento adoptado por las ciudades del norte de Europa. 

El ensanche más famoso es el de Barcelona ideado por Ildefonso Cerdá, que constituyó el modelo seguido por otras ciudades que desarrollaron un ensanche como Madrid, San Sebastián, Valencia, Vitoria, Pamplona, Zaragoza y otras.

En el caso de Pamplona, la expansión de la ciudad se hizo mediante dos ensanches, con unos años de separación. El primero no expandía la ciudad fuera de las murallas y fue de pequeño tamaño, apenas cinco manzanas. El segundo ensanche constituyó la verdadera decisión de expandir la ciudad extramuros, con el derribo de algunas murallas y la construcción en campo abierto.

Primer ensanche. General Chinchilla en 1903

Pamplona era históricamente una plaza fuerte y las normas militares prohibían la construcción en las cercanías de los recintos militares y eran estrictas con el mantenimiento de las murallas y otras fortificaciones. Las negociaciones que llevarían a suavizar aquellas normas, comenzaron en 1887 y tras varias concesiones al ejército, se consiguió permiso para edificar en la zona colindante con la Ciudadela. Además de nuevas y elegantes viviendas, en la zona se ubicó la Audiencia Provincial, hoy sede del Parlamento, que fue obra del arquitecto Julián Arteaga. Otros edificios destacados fueron la actual sede de la Cámara de Comercio que originalmente fue un palacete burgués, obra de Florencio Ansoleaga y la que fue Delegación de Hacienda del Estado, en un edificio modernista de la calle General Chinchilla, construido por Martínez de Ubago.

Pero entrado el siglo XX, Pamplona seguía constreñida por sus murallas y mantenía vivo el empeño en derribarlas. Su utilidad defensiva se había perdido con la aparición del bombardeo aéreo utilizado en la Primera Guerra Mundial y tras largas negociaciones, con debates y discusiones que se alargaban desde 1901, los militares cedieron por fin y se autorizó el derribo de la muralla sur que comenzó el 25 de julio de 1915. El paño de muralla que desapareció, discurría desde el actual frontón Labrit hasta la Ciudadela, incluyendo en su parte central, el Portal de San Nicolás que fue desmontado y trasladado años después, a los jardines de la Taconera.


La esperada noticia

El nuevo barrio tendría un trazado diseñado por el arquitecto municipal Serapio Esparza que fue aprobado en 1917, formado por manzanas cuadradas con un patio interior y era una adaptación del Ensanche de Barcelona a la medida de Pamplona, diseñando una Gran Vía, que es Carlos III, y una Diagonal, con la avenida de Baja Navarra. Aquel diseño incluía la apertura sur de la Plaza del Castillo y el traslado de la Plaza de Toros que se encontraba en los terrenos del actual Teatro Gayarre. Todo aquello no estuvo exento de polémicas. Había muchos partidarios de no tocar la Plaza de Toros pero la discusión terminó una noche de agosto de 1921, cuando el coso se incendió quedando destruido.

Por fin, el 29 de noviembre de 1920 se colocaba la primera piedra del nuevo ensanche, celebrando los pamploneses aquel San Saturnino con gran alborozo. Aunque con retraso, Pamplona se incorporó a la moda del derribo de murallas que afectó a varias ciudades españolas y europeas. Visto desde hoy, es una pena la pérdida de aquel patrimonio histórico y quiero pensar que ahora no se habrían tocado aquellas piedras, que con la sensibilidad y los medios actuales, se habría resuelto la ampliación de la ciudad con fórmulas imaginativas y no simplemente empleando la piqueta.

En 1921 Pamplona tenía dos Plazas de Toros

¿Nos podemos imaginar la Pamplona actual habiendo integrado aquella muralla en el casco urbano? Sería sin duda, una de las más excepcionales ciudades amuralladas de Europa, aunque, sin necesidad de soñar, las fortificaciones que ha mantenido la ciudad, que trazan un recorrido de más de cinco kilómetros, siguen siendo una de sus señas de identidad y un rico patrimonio digno de conservación.
______________________


Fotos curiosas del II Ensanche

Avenida de Carlos III, hacia 1929

Monumento a los Caídos en 1948

Colegio Notarial en Carlos III, derribado en 1964

Franco inaugura la Parroquia de San Francisco. 1952

Construcción de la Plaza de los Fueros. 1974

Paulino Caballero hacia 1930
Parque de la Media Luna

Plaza de la Cruz en 1944
Plaza de Merindades y Casa de las Hiedras

No hay comentarios:

Publicar un comentario