Google+ Aislado en este planeta: Sevilla, ciudad y río

jueves, 4 de mayo de 2017

Sevilla, ciudad y río

Antes del Descubrimiento de América, Sevilla ya era una ciudad importante. En el siglo XIII, el rey Alfonso X el Sabio la señala como puerto que traficaba intensamente con importantes destinos europeos y norteafricanos. Su localización entre el Atlántico y el Mediterráneo era perfecta y al ser un puerto tierra adentro, estaba protegido de la piratería. Aunque este hecho no había impedido que la ciudad fuera atacada por los vikingos en dos ocasiones a mediados del siglo IX, en época musulmana.

Los Reyes Católicos reciben a Colon en Barcelona. Mosaico de Plaza de España

Durante el siglo XV, Sevilla ya había experimentado un gran crecimiento. Por aquellas fechas tenía un tamaño similar a Florencia y era la mayor ciudad de los reinos de Castilla y Aragón. El comercio que generaba su puerto suponía importantes tributos a la Corona y también tenía una industria de manufacturas bastante desarrollada. La ceca de Sevilla acuñaba la mayor parte de la moneda del reino, actividad que se vio incrementada con el oro y la plata procedente de las Indias.

Pero fue el acontecimiento del Descubrimiento el que revolucionó la historia de Sevilla para proporcionarle un crecimiento espectacular y convertirla en una de las grandes urbes europeas de la época. Sevilla se convirtió en 1503 en sede de la Real Casa de Contratación de Indias, una institución desde la que se planificaban todas las expediciones a América y se recibían todas las mercancías que llegaban del Nuevo Mundo. 

Sevilla siglo XVI. Oleo de Alonso Sanchez Coello

Una vez más la razón de la elección de Sevilla fue su puerto situado a unos 80 kilómetros del mar al que se accede por el río Guadalquivir, que es navegable desde su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda hasta la capital hispalense. Un puerto seguro, protegido de las tempestades y fácilmente defendible.

La Real Casa de Contratación suponía un monopolio para la ciudad que lo supo explotar durante 214 años, a lo largo de los cuales Sevilla se convirtió en la capital económica del Imperio español, llegando incluso a desbancar en 1540, a Amberes como el mayor centro financiero de Europa. Era un lugar único para comerciar porque era el punto de conexión de lejanas partes del mundo, lo que originó la llegada de muchos buscadores de oportunidades. Extranjeros de todas las partes del orbe terrestre establecerían su residencia en la capital hispalense, desde comerciantes europeos hasta obispos y sultanes además de busconas, pícaros y delincuentes. Prostitución y juego eran actividades habituales y destino frecuente del dinero de los negocios.

Archivo de Indias, antigua Lonja

El espectacular crecimiento de la ciudad coincide con una época artística, el Barroco, que dio origen al magnifico muestrario de edificios civiles y religiosos que hoy en día pueden admirarse en la capital. Durante el Siglo de Oro, Sevilla acogió a los mejores artistas del momento en todas las artes; arquitectos, literatos, pintores y también clérigos, nobles y comerciantes que fueron transformando la fisonomía de la ciudad. Aquel fue también el siglo monumental por excelencia en Sevilla. Los más destacados edificios del centro histórico: Catedral, Lonja/Archivo de Indias, Giralda, Ayuntamiento, Hospital de las Cinco Llagas, Iglesia de la Anunciación, Audiencia y Casa de la Moneda, son construcciones de aquella época.

Sevilla mantuvo el monopolio comercial de las Indias hasta 1680, fecha en la que comenzó a compartirlo con Cádiz, debido a las dificultades de navegación que comenzaba a ofrecer el río Guadalquivir, con barcos cada vez mayores. En 1717, Cádiz se quedó finalmente con la exclusiva comercial y en 1790, la Casa de Contratación sería suprimida sumiendo a Sevilla en una gran depresión.

Vista desde Triana. Siglo XVIII

La ciudad se había desarrollado casi por completo en la margen izquierda del Guadalquivir. La orilla opuesta, el actual barrio de Triana, carecía de interés económico y contaba con escaso asentamiento. En época musulmana, hacia 1170, se construyó un Puente de Barcas que conectó el arrabal con el puerto y favoreció el poblamiento de aquella ribera. El puente constaba de trece barcas amarradas con cadenas sobre las que se apoyaban tablones de madera. Triana fue tradicionalmente un barrio de marineros, obreros y alfareros y en tiempos recientes, famosa por sus toreros y cantaores de flamenco.

La estructura flotante del Puente de Barcas, fue durante siete siglos el único camino que cruzaba el río. Fue destruido por el ejército cristiano de Fernando III durante la toma de la ciudad y vuelto a construir y así siguió haciendo su servicio hasta que en el siglo XIX se hizo imperiosa la necesidad de una infraestructura acorde con la nueva era industrial. El diseño escogido fue una copia fiel del Puente del Carrousel sobre el río Sena, que había agradado a la reina Isabel II. Su construcción finalizó en 1852 y se le dio el nombre de la soberana: Puente de Isabel II, aunque se le conoce popularmente  como el Puente de Triana.

Puente de Triana

En el siglo XX el Guadalquivir siguió siendo protagonista en la historia de Sevilla sobre todo a partir del proyecto de la Expo 92, en terrenos de la Isla de la Cartuja. En la actualidad el río es el eje vertebrador de la ciudad y sus orillas, sus puentes y sus parques son un gran atractivo para locales y foráneos.

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