Google+ Aislado en este planeta: La Fábrica de Tabacos

jueves, 27 de abril de 2017

La Fábrica de Tabacos

Paseando por Sevilla es inevitable toparse con un edificio muy céntrico que además, esta flanqueado por otros monumentos de especial relevancia como son los Reales Alcázares, el Prado de San Sebastián, la Plaza de España y Parque de María Luisa, el Palacio de San Telmo y el Hotel Alfonso XIII. Se trata de un edificio grande, monumental y bastante lleno de actividad ya que es la sede del rectorado de la Universidad de Sevilla que es su actual inquilino. Sin embargo el edificio se conoce como Real Fábrica de Tabacos.

Vista aérea de la Real Fábrica de Tabacos

Como es bien conocido, el tabaco fue traído del Nuevo Mundo por los conquistadores españoles a principios del siglo XVI, que habían observado la exótica costumbre de los indígenas de quemarlo para aspirar el humo. Las autoridades españolas y europeas en general, no vieron con buenos ojos aquella práctica por considerarla dañina para la salud y dictaron leyes de prohibición, en algunos casos con castigos rigurosos.

En algunos países como Francia, no se llegó a prohibir y el uso del tabaco se canalizó a través de los boticarios que eran los únicos autorizados para prescribirlo y venderlo. No obstante, a pesar de las prohibiciones, su consumo fue en aumento y arraigó como una costumbre social en toda Europa. Pronto fueron conocidas sus propiedades a mitad de camino entre medicina y narcótico y también se le atribuyeron falsas propiedades beneficiosas para la salud. Lo que pronto resultó evidente es que el consumo, en sus distintas modalidades, resultaba adictivo y dependiendo de la dosis, podía envenenar hasta la muerte.

Productor cubano de tabaco

El médico sevillano Nicolás Monardes fue quien divulgó las propiedades curativas del tabaco en su obra "La Historia Medicinal" editada en Sevilla en 1580. La Corona española atenta a todo lo que podía representar ingresos para su hacienda, decidió desarrollar su producción industrial y acaparar el monopolio de su elaboración y comercialización. A principios del siglo XVI se establecieron las primeras industrias elaboradoras de tabaco en la ciudad de Sevilla, que fueron pioneras en Europa. En vez de traer de Cuba y de La Española el tabaco picado, se pasó a transportarlo en hojas formando fardos que llegaban a la fábrica sevillana por el río Guadalquivir. El monopolio conocido como "estanco del tabaco" quedo establecido en 1632 y se amplió a los territorios de la corona de Aragón, a Navarra y a las islas Baleares y Canarias en 1707.

Todos los países se interesaron por este negocio pero fueron los ingleses quienes plantearon una competencia seria al monopolio español. En 1612, John Rolfe comenzó a cultivar tabaco en Jamestown (Virginia) por encargo de la corona inglesa y en pocos años su producción se equiparó a la española

Fachada de la Real Fábrica de Tabacos

Mientras, en Sevilla se desarrollaba la industria de transformación del tabaco. Inicialmente la actividad estaba dispersa por la ciudad, pero hacia 1620 se concentra en un solo lugar; la primitiva Fábrica de Tabacos ubicada en la actual plaza de San Pedro que mejoraba las condiciones laborales, pero sobre todo, permitía un mejor control estatal del producto. También esta instalación se quedó pequeña de modo que en 1728, se inició la construcción de una nueva fábrica instalada en una zona de expansión de la ciudad cercana a la Puerta de Jerez. En 1758, aquella factoría ya estaba en producción aunque las obras se prolongaron varios años más, lo que no es extraño si tenemos en cuenta la importancia y el tamaño del edificio que era el segundo en dimensiones de España, solo aventajado por el Monasterio del Escorial.

Al ver ahora el edificio, sorprende que se trate de una instalación industrial, pero es que en el siglo XVIII no había referencias en este tipo de construcciones por lo que el resultado fue lo más parecido a un palacio. El diseño y la construcción de este edificio fueron encargados a ingenieros militares procedentes de España y Países Bajos. Destaca sobre todos Sebastián Van der Borcht que participó en la obra durante más de veinte años, hasta su finalización. En la fachada principal bajo un solemne balcón, podemos ver en el dintel una inscripción que señala la terminación del edificio; año 1757, reinando el monarca Fernando VI.

Patio de la Universidad de Sevilla

Otra característica llamativa es que la fábrica se encuentra rodeada por un foso en tres de sus lados, que servía de aislamiento y defensa del exterior. En su arquitectura destaca un estilo herreriano tanto en fachadas como en patios y escaleras que nos lleva a recordar de nuevo al Escorial. En su fachada principal, por la calle San Fernando se aprecia la influencia del estilo barroco con un aire más palacial. Aquí se hallaban las dependencias nobles, vestíbulo, oficinas y viviendas.

A ambos lados de la fachada hay dos pequeños edificios imprescindibles en la época: la capilla y la prisión. Los delitos de robo de tabaco eran muy frecuentes entre los trabajadores por lo que se hacía necesario el perdón del pecado en la iglesia y la expiación del delito en la cárcel. La fábrica contaba también con un cuerpo de guardia que vigilaba el establecimiento desde las garitas y que estuvo activo hasta la década de 1820.

Hasta el siglo XVIII los cigarros fueron elaborados exclusivamente por hombres. La incorporación de la mujer a estas tareas se produce cuando se descubre que pueden ser más cuidadosas que los hombres y que admiten trabajar por un salario inferior. Poco a poco su presencia se impone en la manipulación de los cigarros y esta actividad deriva en la figura de la "cigarrera de Sevilla" que queda inmortalizada en pinturas, fotografías e incluso en la ópera Carmen de Georges Bizet, cuya protagonista es una cigarrera.

Las Cigarreras. 1915. Oleo de Gonzalo Bilbao

En la época de mayor auge, a finales del siglo XIX, el número de cigarreras que trabajaban en la fábrica, llegó a superar las 6.000 mujeres que contaban con una escuela, una enfermería y con una guardería para atender a sus hijos durante la jornada de trabajo. En esa época, la Real Fábrica pasó a manos de una Compañía Arrendataria constituida por el Banco de España y un grupo de accionistas privados que incorporaron la máquina de vapor utilizada para picar el tabaco y en los años siguientes, hacia 1902, se sustituyó por energía eléctrica. También comenzó la llegada de maquinaria para el liado de cigarrillos que multiplicaba por mil la producción humana. A pesar de la resistencia inicial que se tradujo en huelgas y motines, la mecanización se impuso con el consiguiente descenso del personal de la empresa de modo que hacia 1925 la plantilla no superaba las 1.500 personas.

La fabricación en la calle San Fernando duró hasta 1950, en su última etapa bajo titularidad de Tabacalera que se había creado cinco años antes. Su traspaso al Ministerio de Educación se decidió en 1943 pero su apertura como sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla, se demoró más de diez años en los que se realizaron obras de remodelación. Aunque la Universidad de Sevilla ha crecido enormemente expandiéndose por toda la ciudad, su corazón sigue estando aquí. La Real Fábrica de Tabacos ya no existe, aunque el edificio no ha perdido ni un ápice de su encanto y puede ser visitado con total libertad.

1 comentario:

  1. Que generosa he sido, he hecho un enlace desde mi blog....., me gusta

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