Google+ Aislado en este planeta: Violencia de género

sábado, 4 de marzo de 2017

Violencia de género

Cuando se produce una oleada de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, se encienden todas las alarmas y se teoriza sobre el problema en distintos ámbitos aunque sin llegar a conclusiones válidas y mucho menos encontrando soluciones prácticas.


En España tenemos una Ley Integral contra la violencia de género que data del año 2004 y supuso un avance importante en la lucha contra esta lacra social. En base a esta ley se articula todo el rechazo del feminismo "oficial" hacia la violencia de género. Sin embargo, la interpretación que frecuentemente se hace de la ley lleva a pensar que la violencia contra la pareja es un fenómeno colectivo, un problema social, una especie de epidemia con los mismos síntomas. En contraposición a esta idea, se puede suponer que cada caso es un hecho aislado, un delito diferenciado como tantos otros que recoge el Código Penal, carente de síntomas comunes, de modo que estaríamos ante una cadena de delitos aislados y no ante un problema social.

El sentido común nos indica que no todas las mujeres corren el mismo peligro de sufrir maltrato por su pareja. Cada hogar y cada convivencia tiene su casuística y no es igual una relación de personas basada en el respeto y la confianza que otra en la que aparecen factores de riesgo como el alcoholismo o la marginación social. Cada relación de pareja tiene otros ingredientes diferenciadores, bien sea por edad, clase social, nivel cultural, intereses económicos, la presencia de hijos, diferencias raciales y otros muchos y por tanto, la posibilidad de maltrato es muy diferente en función del escenario, así que es muy simplista despachar todos los casos con la etiqueta de violencia de género.

El círculo mortal
Otra critica que cabría contra la ley es que pretende ganar en eficacia con el aumento de las penas, pero la realidad demuestra que los casos no disminuyen con esta solución. El maltratador es muy pertinaz y hace de la agresión su razón de ser. En esta situación, las órdenes de alejamiento son completamente ineficaces porque el que está determinado a matar, lo hace y frecuentemente el agresor se entrega a la policía o termina suicidándose lo que prueba que la ley y el castigo no resultan disuasorios.

Si con la violencia de género nos encontramos ante un problema social, la solución no es criminalizarlo sino atacarlo con recursos sociales. Podemos llegar a la "tolerancia cero" con el delito y la resultante será que las cárceles se llenen. El código penal está redactado para diferenciar delitos y aplicarles sanciones individuales pero no se ocupa de las causas estructurales de los problemas ni pretende combatirlas, así que actúa como si de casos aislados se tratase. El derecho penal no es pues, un instrumento adecuado por sí solo para solucionar el conflicto de la desigualdad de género.

Entonces, ¿cómo atacar el problema? Yo me confieso ignorante en estas cuestiones, así que estoy seguro de no tener ni idea. Pero si utilizamos el sentido común encontraremos alguna aproximación a la solución. En cualquier actividad de la vida se puede aprender observando a quien lo hace mejor. 

La violencia es una constante desde que se registran estadísticas oficiales
Hace poco se anunciaba desde ámbitos políticos, una propuesta para estudiar un número significativo de agresiones con el fin de extraer conocimientos de los maltratadores, de sus hábitos, de su entorno. No se que finalidad puede tener semejante estudio como no sea perfeccionar los métodos de los violentos. Más bien pienso que a quien hay que observar es a las personas decentes, a las familias de comportamiento intachable, que nos pueden proporcionar enseñanzas positivas a imitar.

El problema es universal y cualquier sociedad o país lo padece. Por eso surgen continuas iniciativas y estudios para prevenir el problema en muchos parlamentos del mundo. La violencia de género se enfoca por la Ley española "de un modo integral y multidisciplinar, empezando por el proceso de socialización y educación". Esto es al menos en teoría y es que el papel lo aguanta todo, pero en la realidad, la mayoría de las medidas que se adoptan contemplan actuaciones de tipo paliativo, es decir, que tratan de aliviar el dolor causado con recursos de apoyo, inversión en profesionales para tratar a las víctimas, cambios en el enfoque judicial del delito, ampliación de la ley a otras formas de violencia y otras varias que miran el problema a toro pasado.


Sin embargo, la solución es otra y se conoce perfectamente pero es mucho más difícil de aplicar. Consiste sencillamente en actuar activamente a través de la educación y esto no afecta solamente al sector de la enseñanza. La raíz está en el hogar, en la familia, en donde está el germen de la verdadera formación. Tener principios y valores que fluyen con naturalidad hacia los hijos, es la verdadera solución, pero, ¿cómo articular esto, cuando llevamos décadas destruyendo la mente de los ciudadanos con un sistema educativo demencial? Gran parte de los padres que ahora están en primera fila ya no son recuperables y lo que pueden transmitir no hace sino agravar el problema. Además están todos los estímulos negativos que nos acechan en esta sociedad como la publicidad, las ideas políticas transgresoras, la codicia de tener más o la cultura hedonista que nos invade.

Así que la solución debe ser a largo plazo y por ello urge empezar cuanto antes con una reforma consensuada del sistema educativo donde el problema de la violencia de género se aborde seriamente. Una educación íntegra es una utopía que ha estado presente en toda la historia de la civilización pero que no queda más remedio que intentar, aunque se encuentre en manos de unos personajes incalificables que se dicen políticos.

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