Google+ Aislado en este planeta: Proyecto Manhattan

martes, 21 de marzo de 2017

Proyecto Manhattan

Como un guion que se construye con secuencias aparentemente inconexas pero que al final dan como resultado una película inteligente, así se fue gestando el desarrollo científico más importante de la Segunda Guerra Mundial. El Proyecto Manhattan fue una gigantesca operación que dio como resultado la fabricación de la primera bomba atómica de la historia. A pesar de su colosal dimensión, pues involucró a miles de personas, se llevó a efecto sin que saltaran las alarmas sobre su finalidad y pasando inadvertido para los servicios de espionaje de otros países.

El Proyecto Manhattan se desarrolló a lo largo de todo el país

A principios de 1939, la comunidad científica mundial estaba al corriente de que los físicos alemanes habían aprendido los secretos de la división del átomo de uranio. Los temores pronto se enfocaron hacia la posibilidad de que los nazis aprovechan la nueva energía para producir una bomba capaz de una destrucción sin precedentes.

Por aquellas fechas, vivían en los EE.UU. científicos europeos como Albert Einstein que había huido de la persecución nazi y Enrico Fermi que escapó de la Italia fascista. Ambos estuvieron de acuerdo en que el presidente debía ser informado de los peligros de la tecnología atómica en manos de los alemanes, en unos días en que la amenaza de la guerra estaba ya latente. Fermi viajó a Washington en marzo para transmitir su preocupación a los funcionarios del gobierno pero fue recibido con escepticismo.

Groves y Oppenheimer, artífices del proyecto
También Einstein, poco después, escribió una carta al presidente Roosevelt instando al desarrollo de un programa de investigación atómica. Aunque Roosevelt no vio la necesidad ni la utilidad de un proyecto de ese tipo, sí que accedió a proceder lentamente y así comenzaron a moverse algunas piezas. A finales de 1941, el plan estadounidense para diseñar y construir una bomba atómica, recibió su nombre de código: el Proyecto Manhattan.

Al principio, la investigación se inició en unos pocos y selectos centros como la Universidad de Columbia, la Universidad de Chicago y la Universidad de California en Berkeley. El proyecto se aceleró en diciembre de 1942, cuando Fermi invitó a un grupo de físicos para presenciar la primera reacción en cadena controlada en los laboratorios de Chicago. Después del éxito de aquella prueba, el gobierno asignó fondos con mayor generosidad y el proyecto se lanzó a una velocidad vertiginosa. Las instalaciones nucleares se construyeron en Oak Ridge, Tennessee, donde se levantó una nueva ciudad en terrenos expropiados con la finalidad de no llamar la atención. El centro de producción de plutonio se instaló a orillas del río Columbia en Hanford, estado de Washington. La planta de ensamblaje principal se construyó en Los Alamos en Nuevo México bajo la dirección de Robert Oppenheimer que fue el encargado de juntar todas las piezas de aquel puzle.

El secreto fue estricto. Ni los alemanes ni los japoneses debían saber una palabra del proyecto. Roosevelt y Churchill también acordaron que debían mantener a Stalin al margen, a pesar de tratarse de su aliado. Con miles de personas involucradas en el desarrollo, mantener el secreto se antojaba una difícil misión.

Un ejemplo de aquel secretismo lo constituye la construcción de la ciudad de Oak Ridge que debía albergar a 75.000 habitantes y contaba con 480 kilómetros de carreteras, 89 kilómetros de vías férreas, 10 escuelas, 7 salas de cine, 17 restaurantes y cafeterías y 13 supermercados, además de diversas instalaciones deportivas, una biblioteca y otras zonas de ocio. Aunque en teoría el acceso a Oak Ridge era libre, estaba restringido por el ejército, que vigilaba toda la ciudad y registraba cualquier vehículo que llegara a sus proximidades.

La planta K-25 de Oak Ridge para enriquecimiento de uranio, en fase de demolición en 2010

Las casas de los trabajadores eran módulos prefabricados con materiales baratos y las viviendas fueron diseñadas por categorías y tamaños. Los empleados fueron repartidos por el gobierno dependiendo del tamaño de sus familias y de la importancia del trabajo que desarrollaban. Si un matrimonio se divorciaba, ambos perdían su vivienda y pasaban a otras inferiores. En caso de despido, la pérdida de la vivienda era automática. Este tipo de comunidad dio pie a la teoría de que Oak Ridge era en realidad un prototipo de comunidad socialista ideada por Eleanor Roosevelt como parte de un plan para convertir a Estados Unidos al comunismo, teoría que el gobierno no se molestó en desmentir.

Es curioso que más allá de sus tareas específicas, la mayoría de residentes de Oak Ridge no tenían ni idea de que estaban ayudando a construir la primera bomba atómica. Nadie, excepto un reducido grupo de directivos y científicos, tenía una visión de conjunto de lo que allí se estaba gestando. Así, se llegaba a situaciones tan absurdas como que el operario encargado de reparar escapes en los tubos de conducción no supiera de dónde venían, a dónde iban ni qué es lo que había dentro de ellos. O que la encargada de la lavandería pasara por los uniformes recién limpios un aparato para detectar radiación, sin saber para qué servía, con la orden de que si pitaba, tenía que volver a repetir la colada. Tal fue el secreto que el propio vicepresidente Truman nunca oyó hablar del Proyecto Manhattan hasta que se convirtió en presidente, sucediendo a Roosevelt.

El F.B.I. tenía instalado un servicio de contraespionaje que controlaba cada paso que daban los trabajadores y la correspondencia estaba censurada. Las llamadas telefónicas eran escuchadas por un agente y grabadas para su revisión posterior. Nadie podía aventurarse fuera del campamento sin autorización y mucho menos que alguien extraño entrara en las instalaciones. Hasta que la primera bomba atómica se lanzó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, los habitantes de Oak Ridge no descubrieron en qué habían estado trabajando.

Las bombas "Little Boy" (Hiroshima) y "Fat Man" (Nagasaki)

En julio de 1945, el jefe militar del proyecto, el General Groves informó al alto mando del ejército que estaba lista una bomba y otras dos a falta de los últimos detalles, por lo que recibió la autorización para someterla a prueba, fijándose la fecha para el día 16. En aquella madrugada una caravana de camiones enfiló hacia el desierto. En uno de ellos viajaba el artefacto bautizado como Gadget. Después de 300 kilómetros, los vehículos se detuvieron en un lugar conocido como Alamogordo. Los ingenieros montaron una torre metálica de seis metros de altura, donde fue colgada la bomba. Los puestos de observación y control se habían colocado a diez, quince y veinte kilómetros del punto cero.

La cuenta atrás comenzó en medio de un impresionante suspense. Nadie sabía que podía ocurrir y algunos temían consecuencias imprevisibles del experimento atómico. A las 05,29 horas del 16 de julio se produjo la explosión. La primera explosión atómica de la historia. Los observadores tenían instrucciones de no mirar directamente a pesar de la protección con cristales oscuros. Pasados un par de segundos, los más audaces se atrevieron. Un globo crepitante de fuego ascendía, como si quisiera tragarse el cielo. El apocalipsis había comenzado.


Experimento nuclear norteamericano en 1958

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