Google+ Aislado en este planeta: Nativos digitales

domingo, 12 de marzo de 2017

Nativos digitales

Este apelativo me resulta cuando menos, tonto y simplista. Ya sabemos que los periodistas compiten por titular con ingenio y por eso, a algún iluminado se le ocurrió este término que está muy lejos de ser acertado. Es tan inoportuno como aquel de la "generación mejor preparada" que nunca ha pasado de ser una entelequia.

La expresión "nativo digital" se suele aplicar a los jóvenes nacidos a final del siglo pasado y comienzos de este, a los que supuestamente, se atribuye un conocimiento y una facilidad innata para el uso de la tecnología, como si vinieran de fábrica dotados de ciencia infusa. Se podría suponer que esto es así cuando los vemos inmersos en la pantalla del cacharrito. Deben saber mucho cuando se aíslan del mundo, dejan de hablar y sustituyen la conversación por el chat.



Pero no nos engañemos. Nadie nace nativo digital como nadie nace matemático ni violinista por mucho que crezca entre calculadoras o instrumentos musicales. La realidad es muy simple: la supuesta habilidad tecnológica no es más que un entretenimiento lúdico y esto queda patente si investigamos lo que hacen los jóvenes que se resume en utilizar el WhatsApp, ver videos en YouTube, compartir fotos en Instagram y contar al mundo sus hazañas a través de Facebook. Los que van más allá, utilizan el buscador, compran cosas en Amazon, apuntan los cumpleaños en la agenda y escuchan música. Si añadimos alguna dosis de chismorreo y algo más de porno, prácticamente aquí se acaba el repertorio para una notable mayoría, por mucho que los padres embobados los vean teclear y digan aquello de qué listo es mi niño.

¿Que saben realmente de tecnología? Si investigamos un poco descubrimos que los aparatos electrónicos, sean ordenadores, tablets, consolas o móviles, los consideran "cajas negras" de cuyo interior no saben nada, piensan que funcionan por arte de magia y que los programas están hechos por personas muy especiales. Sí que manejan términos tecnológicos para diferenciar el producto a la hora de adquirirlo y así hablan de kilobytes, megapíxeles y gigahercios que, junto con el precio, les vale para determinar la calidad de una compra.

Esta generación se ha educado, al menos en esta materia, a su aire porque le ha faltado el soporte de una generación anterior analfabeta. Personas adultas que afirman sin pudor que "a mi estos temas no me van" o que "yo de tecnología ni idea", no son los más adecuados para enseñar. El caso es que se trata de personas que van de "listillas" en muchos aspectos de la vida pero que parece que su cerebro se ha embotado para entender conceptos más sencillos que otros que han tenido que aplicar en su vida laboral. Mostrarse ignorante ante los hijos no es, sin duda, la mejor posición que se puede adoptar para educarlos.

Así nos encontramos más bien con una generación de "huérfanos digitales", escasos de formación, inconscientes de su ignorancia e incapaces de cuestionar sus carencias. Si pensamos que esta juventud va a saber aprovechar el enorme potencial de la tecnología para su desarrollo como personas y para el progreso de la sociedad utilizando solo su instinto digital, sin contar con el apoyo de padres y educadores y sin planes educativos competentes, estamos cayendo en un gran error.

Cuando un progenitor se excluye voluntariamente del progreso tecnológico, está renunciando a transmitir a sus hijos una educación que los prepare para un futuro adecuado en una sociedad cada vez más afectada por el desarrollo tecnológico. Partir de la base de que a los jóvenes les viene de nacimiento una habilidad especial para utilizar la tecnología implica una dejación de funciones por parte de padres y educadores que, por alguna razón absurda, se consideran "inferiores" y renuncian a educar en el contexto tecnológico. Además, ¿cómo piensan estas personas desenvolverse durante los próximos 30 o 40 años cuando les cierren su oficina bancaria, tengan que reservar un viaje o comunicarse con sus propios familiares?


Los supuestos nativos digitales ya están incorporándose al mundo laboral pero lo que las empresas se están encontrando son jóvenes con buena soltura frente a una pantalla pero con una enorme falta de preparación en aspectos básicos de la utilidad de la tecnología y no digamos de conocimientos de programación donde la escasez de profesionales es notable. Pensemos por un momento; ¿que pueden incluir la mayoría de los aspirantes a un trabajo en su curriculum? ¿Acaso que saben descargar vídeos o que tienen más de mil amigos en las redes sociales? Vivimos rodeados de objetos programables, de robots, de sistemas automatizados y de bases de datos y nos falta el personal con los conocimientos necesarios para poner en marcha esta maquinaria del siglo XXI. 

Los adolescentes tienen que entender que no pueden limitarse a ser simples usuarios, que no tiene sentido que los cacharritos que utilizan signifiquen solamente ocio. Que además del dispositivo, hay que tener el conocimiento y esto al parecer no ha calado aún en nuestro sistema educativo. En los países avanzados de la aldea global los niños de nueve años saben programar sistemas básicos y su razonamiento evoluciona sólidamente hacia las nuevas tecnologías. Mientras en España, la informática no pasa de ser un complemento deslavazado, una asignatura de relleno en nuestros planes que está muy lejos de ser eficaz. Pretendemos ser competitivos y llevamos camino de serlo pero puede que solo en preparar paellas y servir cubatas a los turistas en nuestro largo verano. Eso si, con el móvil al alcance de la mano.

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