Google+ Aislado en este planeta: El Galeón Manila-Acapulco

domingo, 19 de febrero de 2017

El Galeón Manila-Acapulco

"Hubo un tiempo en que España dominaba la mitad de las tierras y mares del mundo"

Recién culminado el descubrimiento de Colón, comenzó la colonización de las nuevas tierras de aquel continente vasto y misterioso. En 1513, llegó a América Vasco Núñez de Balboa quien, explorando las tierras del interior, cruzó el continente y cayó de rodillas emocionado ante el maravilloso espectáculo del inmenso mar que se abría ante sus ojos. A aquel descubrimiento lo llamó Pacífico por la calma de sus aguas, al menos en aquellos días en que él lo vio.

Por aquellas fechas los españoles ya se habían percatado de que la tierra descubierta era solo una etapa intermedia en su camino a las indias. El término de "las indias" fue introducido en Europa por Marco Polo y hacía referencia a los territorios del sudeste asiático e islas adyacentes descubiertos en su segundo viaje. Si bien ya se tenía idea de la redondez de la tierra, se desconocían las dimensiones del planeta y el único modo de averiguarlas era seguir viaje por aquel mar hasta rodear el globo terráqueo.

Un galeón español del siglo XVI


Con ese fin se inició la expedición de Magallanes y de su sucesor Elcano, que completaron la primera vuelta al mundo en 1522 siguiendo la ruta atlántica. Su periplo bordeó por el sur el continente americano y tras un viaje penoso e interminable por el Pacífico, alcanzaron las Filipinas. El regreso se hizo siguiendo la ruta establecida por los portugueses, costeando el Índico y rodeando África para navegar después hacia el norte hasta alcanzar la península ibérica, después de tres años de navegación.

Abierto aquel camino, hubo otras expediciones y poco a poco, España dominó o al menos exploró y cartografió aquel Océano que al poco tiempo tenía el apelativo de "el lago español". Un curioso lago que ocupa nada menos que un tercio de la superficie terrestre.

Si observamos el itinerario de aquel viaje, todo el discurre por tierras y mares españoles y portugueses. Así era la división del mundo establecida por el Tratado de Tordesillas de 1494, donde España y Portugal se repartieron el mundo con el beneplácito del Papa de Roma, estableciendo dos meridianos separados 180 grados. Medio mundo para cada uno y tan amigos, algo asombroso hoy en día pero es que entonces los demás países no tenían relevancia alguna.

La conquista de aquellas tierras y el tráfico que originaba, derivó en la necesidad de establecer líneas comerciales para comunicar con la metrópoli y para transportar las riquezas encontradas. Así se inició la sombrosa historia del galeón de Manila que fue una ruta comercial transoceánica pero también el nombre de la nave que partiendo de Sevilla, llegaba a Veracruz y seguía por tierra cruzando México a través del llamado Camino de Asia, hasta alcanzar el puerto de Acapulco en el Pacífico. Después se hacía de nuevo a la mar para atravesar el inmenso océano y alcanzar Manila. Aquella nao de la China servía también para comerciar con otros puertos de los países orientales como China, Japón o la India.

La ruta del galeón Manila-Acapulco

La ruta de ida de aquel viaje resultaba relativamente sencilla ya que las corrientes marinas eran favorables para cruzar el océano en dirección oeste pero se tornaban en un obstáculo insalvable para el regreso de aquellos galeones a vela, hasta que un marino de origen vasco, Andrés de Urdaneta, que había participado en otras expediciones por aquellos mares, descubrió una ruta para regresar de Manila a México siguiendo otras corrientes marinas y otros vientos favorables que discurrían mucho más al norte.

Urdaneta alcanzó fama universal al descubrir y documentar aquella ruta que desde Filipinas conducía hacia América a favor de la corriente y que desde entonces pasó a llamarse la ruta de Urdaneta. Así quedó establecida en 1565 como el camino de retorno o "tornaviaje", lo que permitió establecer una línea regular a través del inmenso océano para comunicar los puertos de Manila y Acapulco. 

Teniendo en cuenta las condiciones marinas, el viaje se realizaba partiendo de Acapulco en marzo, en un recorrido de unos tres meses impulsado por el monzón de invierno. Después de cargar las preciadas mercancías orientales, el regreso se iniciaba en julio por una ruta mucho más al norte que se aprovechaba del monzón de verano y de la corriente de Kuro-Shivo que se inicia en el mar de Filipinas, sube hasta el sur de Japón y se lanza hacia el este hasta alcanzar las costas californianas y con poca dificultad llegar a Acapulco a tiempo para la feria de enero.

Corte esquemático de un galeón español

Los peligros de aquellos viajes eran numerosos. Frecuentes tormentas, tifones inesperados, escorbuto y hambre y, a veces, la presencia de piratas ingleses y holandeses. Sin embargo aquella ruta resultó un gran éxito y estuvo operativa durante 250 años, siempre bajo el control de la Corona española. Con el fin de beneficiar los intereses de los comerciantes de Sevilla, puerto final de las mercancías, Felipe II limitó el número de barcos autorizados para operar esta ruta lo que motivó la construcción de galeones cada vez más grandes. Algunos llegaron a superar las 2.000 toneladas de desplazamiento convirtiéndose en los mayores barcos del mundo en su tiempo. En el galeón solían viajar también numerosos pasajeros, que podían ayudar en las tareas ordinarias y en la defensa de la nave. Entre la tripulación y el pasaje podían contarse a bordo unas 250 personas.

Las mercancías transportadas eran especias, porcelanas, marfil, laca y telas originarias de diversos puertos. También se comerciaba con jarrones y artesanía china, biombos y espadas japoneses alfombras persas y un sinfín de artículos exóticos como los mantones de Manila que, pese a su nombre eran de origen chino. El pago más extendido era en plata, que era bien recibida en aquellos mercados y que España disponía en abundancia procedente del virreinato mexicano. En algunos puertos de China solo admitían el pago en plata ya que estaban bien abastecidos de todo tipo de mercancías fabricadas localmente.

Gracias al galeón de Manila llegaban a la Casa de la Contratación, primero con sede en Sevilla y a partir de 1717 en Cádiz, mercancías exóticas, sedas, marfiles y porcelanas que después decoraban los palacios de Aranjuez y Madrid así como las residencias más distinguidas del país. En sentido opuesto, el Galeón hizo posible la introducción de productos agrícolas en Filipinas como el café, el arroz, el maíz, el plátano y el tomate, desconocidos anteriormente en el archipiélago, así como varias especies de animales como el caballo, la oveja y la vaca.

Casa de Contratación y Archivo General de Indias en Sevilla

Aquel milagro comercial que representó el viaje del galeón Manila-Acapulco terminó cuando México consiguió su independencia de España en 1821. Hasta entonces las Filipinas, que se habían administrado desde el Virreinato de Nueva España, pasaron a control directo de la metrópoli. A mediados del siglo XIX, con la introducción de los barcos a vapor y la apertura del canal de Suez, se estableció un nuevo trayecto que navegando ahora hacia el este, acortaba la ruta reduciendo el tiempo de viaje de España a las Filipinas a 40 días.

Nuestras expediciones coloniales terminaron algunos años después con la pérdida de Cuba y las Filipinas en 1898, poniendo fin a un imperio que durante varios siglos se había extendido por todo el planeta.

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