Google+ Aislado en este planeta: junio 2016

viernes, 10 de junio de 2016

Las cuentas del Gran Capitán

Retrato de Eduardo Carrió. 1877
Corría el año 1504 y a finales del mismo murió la reina Isabel la Católica, en Medina del Campo, con lo que Gonzalo Fernández de Córdoba perdió a su gran amiga y valedora. Entretanto, las malas lenguas acosaban las orejas del rey Fernando con rumores de que Fernández de Córdoba, "el Gran Capitán" había hecho mal uso de los fondos destinados a la guerra. En todo caso, Gonzalo había tenido que avanzar cantidades de su propio peculio ante la tardanza de su rey en enviarle los recursos necesarios. Pero la fama y notoriedad del Gran Capitán hacen que la envidia de sus rivales hable más fuerte que sus numerosas victorias. 

Se olvidan que Gonzalo Fernández de Córdoba había sido un genio militar extraordinariamente dotado. Había sabido mover a sus tropas con astucia, llevando al enemigo al terreno que quería para vencerlo con valentía y con ingenio, aun estando en desventaja. Fernando, que se dejó llevar por las críticas que circulaban por la corte, lo retiró del mando y le ordenó regresar a Castilla. Se dice que a su regreso, el monarca, movido por sus consejeros, particularmente por uno de nombre Juan Bautista Spinelli, que había cultivado en el ánimo del rey gran recelo contra los supuestos despilfarros de don Gonzalo, pidió a éste cuentas de en qué había gastado los recursos recibidos para la guerra de Nápoles. El tal Spinelli, engreído por la confianza que le dispensaba el soberano, se mostraba ahora arrogante con el Gran Capitán, y llegó a tratarlo en público con notoria falta de respeto. Don Gonzalo, de cuyo carácter se dice que era hombre moderado y quien de mejor talante perdonaba las injurias, en algún momento se hartó y tiró a Spinelli de los cabellos, dándole dos bofetadas, que le dejaron la boca sangrante. 

jueves, 2 de junio de 2016

Aeropuerto de Teruel

Los amantes de Teruel
No solamente Teruel existe, sino que vive, progresa y se hace notar. Volviendo de Valencia y puesto que era buena hora para comer, me detuve en Teruel, turísticamente apodada "la ciudad del amor". No en vano honran la memoria de Diego e Isabel, protagonistas de la más romántica historia jamás contada. Los amantes de Teruel, que tienen su mausoleo en la iglesia de San Pedro, son discretos y no hacen ostentación narcisista como ocurre en Verona con los suyos, Romeo y Julieta, cuando solo son fruto de la imaginación de Shakespeare.

Después de una comida, que por estas tierras siempre es copiosa además de sabrosa, estuve callejeando media hora que es el tiempo suficiente para una visita exprés del centro urbano. Le hice una foto al "torico" que es un icono de la ciudad y cuyo origen se remonta al siglo XII y a la reconquista de la villa por Alfonso II. En el recorrido te encuentras con el arte mudéjar, otro icono, bello y abundante en torres, murallas e iglesias. Son magníficas la Catedral y la torre de San Martín, que dada la hora, me tuve que conformar con ver su exterior. Deambulando, surgen muestras de arquitectura modernista digna de atención y también muestras gastronómicas en el pequeño comercio dedicado a la venta de su apreciado jamón y otros derivados.