Google+ Aislado en este planeta: diciembre 2014

sábado, 27 de diciembre de 2014

El petróleo español

En el norte de la provincia de Burgos, cerca del límite con Cantabria, se encuentra Ayoluengo de la Lora, el lugar donde se descubrió petróleo hace ahora cincuenta años. El 6 de junio de 1964 un enorme chorro de crudo brotó de las entrañas de este páramo burgalés despertando la fiebre del oro negro en España. En los años siguientes, tras la puesta a punto de la explotación, se llegaron a extraer hasta 5.000 barriles al día. 

El primer pozo de petroleo de España
Pero aquel espejismo dio paso lentamente, a la decepción, de modo que, aunque nunca ha cesado la actividad, actualmente la producción escasamente supera los cien barriles. El campo cuenta con unos 50 pozos pero la baja calidad del petróleo burgalés, no lo hace rentable para el refino, por lo que se quema en crudo en algunas industrias cántabras y vascas. La baja rentabilidad de esta explotación hace que haya cambiado de manos en siete ocasiones y en la actualidad es una empresa italiana el socio mayoritario.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Mis mejores deseos


Ya está aquí la Navidad. En estos días abundarán las reuniones de familiares y de amigos, comeremos en abundancia y beberemos algo más, exaltaremos la amistad, incluso ensayaremos como ser mejores personas.

Encenderemos la esperanza de que la Lotería, el Olentzero, los Reyes Magos, o Papá Noel, nos arreglen la vida o al menos nos consuelen con algún regalo. La ilusión está bien para los que no necesitamos mucho pero no es suficiente para los que tienen verdaderas carencias, para los que lo están pasando mal.

Así que dedico mi felicitación a los que no tienen trabajo, a los que pasan frío, a quienes no duermen por las noches, a los que comen mal, a los cuatrocientoeuristas y a quienes viven defraudados porque les han robado el futuro. 

A los que luchan por la dignidad de las personas, a los que pelean por evitar un desahucio, a los jueces justos, a los médicos voluntarios, a los cooperantes y a los bancos de alimentos. A los héroes de la vida cotidiana que malviven sin perder la sonrisa, a los pensionistas que mantienen una familia, a los abuelos que se privarán para comprar un juguete, al ama de casa que hará maravillas con poco dinero para ofrecer una cena digna y a aquellos que cantarán esa noche con un nudo en la garganta agobiados por un futuro incierto.

A todos ellos, que son héroes por sobrevivir y víctimas de una sociedad injusta, y a todos los que se solidarizan con ellos con la amargura de un sentimiento de impotencia ante tanta desgracia, les quiero desear una ¡ Feliz Navidad !

A los demás, no, nada, ni agua. A los culpables, a los corruptos, a los indiferentes, a los insolidarios, a los chorizos y a los mentirosos, lo único que les deseo es que les den morcilla. Y además me alegraré de que les siente mal.



martes, 16 de diciembre de 2014

Navidad de 1914

En la Navidad de 1914, hace ahora 100 años, el mundo estaba inmerso en la mayor de las guerras conocidas hasta entonces; la Gran Guerra comenzada seis meses antes, había roto con todas las normas éticas y morales que se aplicaban en las contiendas y había llevado al límite todas las prácticas de crueldad, muerte y destrucción conocidas hasta entonces.

Los conceptos de guerra elegante y caballerosa que tradicionalmente habían imperado desde tiempos del Gran Capitán, dejaron paso a la guerra más mísera, cruel y sufrida de la historia. En esta contienda aparecen auténticas máquinas de matar como la ametralladora, el lanzallamas, el carro de combate y el avión además de las armas químicas. Las antiguas batallas dejan paso a una guerra de posiciones y resistencia. Un truculento escenario en el que tomaron protagonismo las trincheras donde las tropas vivían en las peores condiciones que un ser humano pueda imaginar. En aquellas trincheras los soldados hacinados apenas tenían una esperanza de vida de seis meses, teniendo que convivir con el hambre, las enfermedades y los constantes ataques del enemigo.

En el período previo a aquella Navidad, hubo varias propuestas de paz de distintas organizaciones civiles de varios países. También el Papa Benedicto XV, había pedido días antes, "que las armas callen por lo menos en la noche que los ángeles cantaron", pero su iniciativa no tuvo éxito.

La Tregua representada en un grabado de la época

lunes, 8 de diciembre de 2014

Una estafa descomunal

Está claro que todo estafador necesita víctimas incautas e ignorantes. Esta historia es una constante en cualquier época, ya que la ingenuidad y la codicia acaban llevando a mucha gente a timos y engaños, tal como sigue ocurriendo en nuestros días.

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Una vez terminadas las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX y después de que el emperador francés fuera confinado en su prisión de Santa Elena, la economía del imperio británico despegó con fuerza al igual que el control geopolítico de sus colonias. La deuda pública británica era de gran solvencia pero un tanto aburrida, con intereses relativamente bajos. En este escenario comenzaron a tener éxito las inversiones inglesas en los países emergentes de la época como Rusia, Prusia y Dinamarca que ofrecían mejores réditos, pero el verdadero atractivo lo tenían las inversiones en América Latina. El colapso del imperio español significaba que había de repente una lista de nuevos países para invertir con la promesa de rentabilidades bastante superiores.

Es en ese ambiente de euforia donde aparece un personaje llamado Gregor McGregor que organizó la mayor estafa del siglo vendiendo bonos y propiedades imaginarios, de un mítico país llamado Poyais, que se situaba en la América Central.

McGregor con uniforme militar
McGregor procedía de la Royal Navy donde se enroló en 1803 y había llegado al grado de coronel luchando en la Guerra de Independencia de Venezuela, a las órdenes de Simón Bolívar. Tras varios años de viajes y escaramuzas militares en Centroamérica, en 1820 regresó a Londres y se inventó la argucia de que había sido nombrado Cacique del Principado de Poyais, un país imaginario que lo situó en la bahía de Honduras y que le había sido supuestamente otorgado a él, por el jefe nativo de la Costa de los Mosquitos. El país se extendía por 12.500 kilómetros cuadrados de tierras sin explotar, ricas en todo tipo de recursos donde solo faltaban colonos para desarrollarlas.