Google+ Aislado en este planeta: octubre 2014

sábado, 25 de octubre de 2014

Patente de Corso

En mitad del muelle largo del puerto de Ibiza, me encontré un sencillo obelisco dedicado a los corsarios ibicencos y más en concreto a la figura de Antonio Riquer, marino de la localidad, de quien nada sabía y movido por la curiosidad, he reunido algunas pinceladas de su figura. Según he podido saber, este monolito es el único homenaje público a los piratas que existe en el mundo, junto al monumento que los británicos dedicaron a su figura nacional, Sir Francis Drake, en Plymouth.

Monumento a los corsarios
Las Baleares, a partir de la reconquista aragonesa del siglo XIII, fueron víctimas frecuentes de la piratería en el Mediterráneo, protagonizada por los filibusteros turcos y los berberiscos del norte de África que asediaron sin piedad la costa de Ibiza y Formentera. Pero en el siglo XVII las tornas cambiaron y fueron los marinos ibicencos quienes comenzaron a hostigar a otras embarcaciones enemigas, lo que redundó en beneficio de la flota naval y de no pocas fortunas amasadas a la sombra de aquella figura: el corsario.

El corso, en contra de lo que comúnmente se cree, no es una práctica encubierta de pirateo, sino una actividad legal muy regulada por los gobiernos nacionales en siglos pasados. De esta forma quedaba claramente diferenciada de los actos de piratería, de modo que el corsario era auténticamente un mercenario al servicio de la Corona. De esta actividad, muchos particulares hicieron su forma de vida, otros tantos amasaron fortunas y algunos se labraron una carrera en la Armada Real que de otra forma les hubiera resultado inalcanzable.

sábado, 11 de octubre de 2014

Daños colaterales

España no participó como país beligerante en la primera Guerra Mundial, de la que se cumple un siglo, pero si sufrió los efectos de aquella contienda. Sin duda que nuestra neutralidad nos vino impuesta por la escasa relevancia de España en la escena internacional, ya que este era un país pobre, atrasado, con un ejército que se encontraba anticuado, casi sin armada de guerra y con suficientes problemas internos como para no resultar un aliado atractivo a ninguna de las potencias contendientes. De este modo, como nadie nos esperaba en aquella guerra, el presidente del gobierno, Eduardo Dato ordenó en un real decreto, en agosto de 1914, "la más estricta neutralidad a los súbditos españoles con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho Público Internacional".

Enrique Granados retratado
 por  Ramón Casas
Por un lado la guerra tuvo una influencia positiva en la economía española ya que las exportaciones de todo tipo a los bandos combatientes fueron muy elevadas. Se desarrolló la marina mercante, la banca, la minería y la industria con dos focos principales en Cataluña y el País Vasco y el país tuvo un relevante protagonismo de todo orden por su ubicación estratégica en el escenario de la contienda. Entre los efectos nefastos del conflicto, España sufrió inestabilidad y desgaste de sus gobiernos, (hubo hasta siete a lo largo de la guerra), que desembocó en el fin del sistema nacido durante la Restauración. Alfonso XIII llegó a ver tambalearse su corona, subieron los salarios pero más aún los precios provocando inflación, los sindicatos cobraron una fuerza inusitada, que tuvo su máxima expresión durante la huelga general de 1917, y afloró el nacionalismo catalán en una Barcelona que, por razones estratégicas, se había convertido en centro del espionaje internacional.

sábado, 4 de octubre de 2014

Zamora, una historia para cada hora

Los que en la niñez estudiamos la Historia de España en la Enciclopedia Alvarez, recordamos un hecho intrigante que tuvo lugar en Zamora en el año 1072 y quedó marcado en las crónicas como una gran felonía y una enorme traición. Ahora, al visitar esta ciudad, he escuchado con agrado aquel episodio casi olvidado y también algunos chismes locales al respecto.

Zamora y el Duero