Google+ Aislado en este planeta: noviembre 2013

jueves, 21 de noviembre de 2013

50 años matando a Kennedy

Durante la historia de los Estados Unidos, ocho presidentes murieron en su cargo. De estos ocho, cuatro murieron por causas naturales y cuatro fueron asesinados. De estos últimos, Abraham Lincoln fue el primero en morir mediante un disparo en la cabeza, efectuado por John Wilkes Booth. el 14 de abril de 1865. Dieciséis años después, el 19 de septiembre de 1881, el presidente James A. Garfield fue herido de bala por Charles Julius Guiteau y falleció dos meses más tarde. En septiembre de 1901, William McKinley fue tiroteado por Leon Czolgosz, un anarquista que le causó las heridas que acabaron con su vida una semana después. Por último, el magnicidio más reciente y el de más resonancia a nivel mundial, fue el de John F. Kennedy asesinado con dos disparos de rifle por el francotirador Lee Harvey Oswald el 22 de noviembre de 1963 en la ciudad texana de Dallas.

John y Jacqueline Kennedy

JFK, el presidente número 35 de Estados Unidos, el único católico en ocupar la Casa Blanca, estaba al final de su tercer año en el poder, y aunque aún no era oficial su candidatura a la reelección, era presumible que se presentara y que ganara de nuevo. 

Cinco décadas después de su muerte, la sociedad estadounidense no ha logrado dilucidar si realmente Oswald actuó en solitario, tal como dictaminó la polémica Comisión Warren, o si hubo detrás grupos de poder apoyados por la CIA y el Pentágono, descontentos con las políticas de Kennedy hacia Cuba y la ex Unión Soviética. Con su muerte se inaugura una década convulsa para un país que poco después asistiría a los asesinatos de Luther King, un pastor de la iglesia baptista defensor de los derechos civiles, de Robert Kennedy, hermano del presidente, y de Malcolm X, un activista y luchador por los derechos de los negros.

Dialogando con Nikita Kruschev

Pero la pregunta del millón sigue vigente: ¿Quién mató a JFK?. Fue Bobby Kennedy, por aquel entonces fiscal general, quien declaró: "Mi hermano tenía dos grandes enemigos: la mafia y Fidel Castro, y yo creo que fue este último quien lo mató". Y bien pudo ser así ya que tras la crisis de los misiles, resuelta exitosamente por Kennedy, el dirigente cubano le veía como una amenaza permanente y un objetivo a batir.

La teoría de la conspiración volvió a cobrar fuerza en 1991, cuando el director Oliver Stone llevó al cine su versión de los hechos. La convulsión que produjo en el pueblo estadounidense impulsó al Congreso a crear en 1992 la Ley de los Archivos del Asesinato del Presidente John F. Kennedy, que ordenó que todo el material relacionado con aquellos sucesos, fuese guardado en una sola colección en los Archivos Nacionales. En 1992, una ley ordenó la desclasificación de los materiales archivados pero aun así, hoy en día más de 50.000 documentos relacionados con el asesinato de Kennedy, se mantienen en secreto.

El confuso informe que emitió la Comisión Warren, encargada de la investigación oficial ha servido para alimentar docenas de teorías de la conspiración que el citado Oliver Stone consagró de forma definitiva en su película "JFK Caso abierto" donde narra la crónica de un auténtico golpe de Estado, alimentándose de todas las sospechas y teorías conspirativas. Al calor del aniversario que se acerca, vuelven a surgir en los medios todo tipo de publicaciones, libros y películas que buscando enfoques originales, distorsionan la verdad cuando no entran de lleno en el terreno de la ficción.

Lee Harvey Oswald, detenido
Entre las producciones recientes acerca del caso, me gustó "The Kennedys", una miniserie de 2011 que llegó a España al año siguiente y relata la vida glamurosa de la famosa familia Kennedy y sus abundantes tragedias. Otra obra que sobresale, la estrena National Geographic en estos días con el título de "Matar a Kennedy". Se trata de una biografía producida por Ridley Scott que recorre los cuatro últimos años de vida del presidente (Rod Lowe) y de Lee Harvey Oswald (Will Rothaar), hasta aquel 22 de noviembre en que sus destinos quedaron cruzados para siempre. En ambos actores, su parecido físico con los personajes reales resulta convincente.

Hay algunas producciones más, que tal vez lleguen a España más adelante, como es el caso de "Parkland", presentada en Venecia, que está producida por Tom Hanks y se centra en los cuatro días de aquel suceso. Otra es "The Bystander Theory", estrenada en septiembre, que opta por las teorías conspirativas con la historia de una joven que un día descubre que su familia podría estar relacionada con lo ocurrido en Dallas hace cincuenta años. El asesinato de JFK también se recoge en la recién estrenada "El mayordomo" que cuenta la vida de un sirviente de la Casa Blanca que trabajó para ocho presidentes y aún hay más: Leonardo DiCaprio está involucrado en el proyecto "Legacy of Secrecy", sin fecha de estreno aún, que explorará la teoría de que todo fue un plan de la mafia.

Cincuenta años matando a Kennedy, con conspiración o sin ella, y aún no ha muerto. En la proverbial ingenuidad del pueblo americano, unas gentes que buscan desde su Declaración de Independencia, la felicidad y la belleza como rasgos de su identidad nacional, aún pervive la figura, el espíritu y la ilusión que despertó en vida el presidente John F. Kennedy y que se tornó con su muerte en leyenda, construida en base a infinitos libros, opiniones, investigaciones, programas de televisión, documentales y películas que no obstante, no logran cerrar las incógnitas de lo ocurrido en Dallas aquel 22 de noviembre de 1963.

Este vídeo es la grabación más completa que existe del asesinato. Es una película casera muda, filmada en 8 mm en color por Abraham Zapruder, un espectador accidental del suceso. 



https://www.youtube.com/watch?v=jWHdEeHNbXY


jueves, 14 de noviembre de 2013

Filipinas

Hay países en el mundo de los que solo se habla a causa de sucesos desgraciados y tragedias que les afectan. Puede ser el caso de Filipinas que ha venido al primer plano de la actualidad debido a la enorme tragedia causada por el tifón "Haiyan", uno de los más potentes y destructivos de la historia en el Pacífico, que ha causado miles de muertos y deja a once millones de damnificados en medio de un paisaje de destrucción total y de completa desesperación de los supervivientes.

Terrible tragedia del tifón Haiyan

Filipinas está muy lejos y no aparece entre los temas frecuentes de nuestra actualidad, sin embargo este país tiene una importante herencia hispánica. No en vano estuvo bajo soberanía de España durante más de tres siglos. El descubrimiento de Filipinas se debe a Hernando de Magallanes, un navegante portugués que había estado sirviendo a su rey en Malaca en donde tuvo noticia de las islas y mares circundantes. A su vuelta a Portugal, fue mal recibido por su soberano, lo que le decidió a presentarse al rey de España ofreciéndole sus servicios. El Papa Alejandro VI, en el Tratado de Tordesillas, había fijado el meridiano divisorio de las zonas de influencia castellana y portuguesa repartiendo el mundo entre las dos naciones. Magallanes sostenía que las islas Molucas estaban en el hemisferio español y ofreció al emperador Carlos V, llegar a ellas por vía de occidente siguiendo un derrotero distinto del que usaban los portugueses que rodeaban el Cabo de Buena Esperanza navegando hacia el este.

El emperador ordenó que se preparara una escuadra y al frente de ella salió Magallanes de Sevilla, el 10 de Agosto de 1519, emprendiendo un viaje extraordinario, durante el cual, descubriendo el estrecho que lleva su nombre, al sur del continente americano, puso un rumbo que suponía que le iba a llevar a las Molucas y en su errático viaje cruzando el Pacífico, descubrió el archipiélago filipino. El 16 de Marzo de 1521, llegó a Surigao, en el este del archipiélago y después tocó en otras islas hasta que envuelto en una disputa indígena, halló la muerte en Mactán, una pequeña isla cercana a Cebú. El resto de la expedición al mando de Juan Sebastián Elcano, prosiguió su viaje hacia España pasando por el cabo de Buena Esperanza y terminando así, por vez primera, un viaje alrededor del mundo.

Magallanes y Elcano. Azulejo conmemorativo en Sanlucar de Barrameda

A esta expedición siguió otra comandada por García Jofre de Loaísa que tenía como misión explorar aquellos archipiélagos y arrebatar las Molucas a Portugal. Eran tan precarios los medios para navegar, que de siete naves y 450 hombres que partieron de La Coruña en Julio de 1525, solamente una llegó a Guam y después a las Filipinas, perdiéndose las demás en tempestades y deserciones. El comandante Loaísa y el capitán Elcano, enfermos de escorbuto, fallecieron en agosto de 1526 en la travesía del Pacífico. Tal fue el fracaso que los últimos 24 supervivientes llegaron a Lisboa en 1536, prisioneros de los portugueses y allí conocieron que el Emperador había vendido a Portugal los derechos sobre las Molucas por los que habían peleado.

Los siguientes intentos partieron de Nueva España, es decir de la costa mexicana. Más de doce expediciones se registraron en la época en las que se fueron descubriendo nuevas islas del Pacífico, siempre entre penalidades y naufragios hasta que en 1565 el guipuzcoano Miguel López de Legazpi, concluyó la conquista de Filipinas que habían sido bautizadas con el nombre del rey Felipe II. Las islas del archipiélago recibieron pronto el estatus de Capitanía General dependiente del virreinato de Nueva España que, con sede en Manila, incluía a Palaos, Guam, las Islas Marianas, las Islas Carolinas, las islas Marshall y las islas Gilbert, además del archipiélago filipino.

Las rutas comerciales del siglo XVI

La colonización española representó la unificación política de las islas por primera vez en su historia, y llevó al país avances de la civilización occidental como el arado, la rueda, el reloj, la imprenta, el telar, y nuevas técnicas constructivas. Las distintas órdenes religiosas desarrollaron una gran misión evangelizadora, y construyeron iglesias, escuelas y hospitales a lo largo de Filipinas. También fundaron universidades que hoy están entre las más antiguas del continente asiático como la de San Carlos de Cebú, o la Universidad de Santo Tomás de Manila, establecida por los Dominicos en 1611.

En los tres siglos de administración española, las tropas filipinas se enfrentaron a ataques chinos, ingleses, portugueses y holandeses, que codiciaban las islas y sus recursos. También se enfrentaron a revueltas indígenas o criollas ya entrado el siglo XIX, como la de Novales, o Cavite el Viejo, precursoras de los movimientos independentistas. En el sur, los enfrentamientos con los moros de Mindanao fueron frecuentes.

Durante el siglo XIX los puertos filipinos se abrieron al comercio internacional, lo cual hizo crecer la economía del país. También aumentó el intercambio cultural, y llegaron a Filipinas nuevas ideas como las de la Revolución Francesa. En 1810 los territorios españoles de América y Filipinas se consideraron oficialmente provincias, y obtuvieron por primera vez representación en las Cortes españolas. La Constitución de Cádiz de 1812 otorgó la ciudadanía española a todos los habitantes de los territorios de ultramar. Con la independencia de México en 1821, Filipinas pasó a depender directamente de Madrid, con lo que se fortaleció el vínculo político, comercial y cultural con la metrópoli, especialmente tras la aparición del barco de vapor unas décadas más tarde, y la apertura del Canal de Suez en 1869.

Las Filipinas en el sureste asiático

En 1863 se estableció un sistema de educación pública y gratuita que puso a Filipinas a la vanguardia de Asia e hizo del castellano el vehículo de comunicación para todo el país lo que dio lugar a una literatura y una prensa filipina en español, que duraron hasta mediados del siglo XX. Las nuevas ideas liberales, las demandas de mayor autonomía, los intereses del caciquismo local y la debilidad de España como imperio, fomentaron los movimientos independentistas que llevaron a la revolución en 1896, apoyada por la masonería española a través de sus logias en las islas. 

En 1898 Estados Unidos declaró la guerra a España con la excusa de ayudar a los revolucionarios cubanos y filipinos, aunque con la ambición final de conseguir los territorios españoles en el Caribe y el Pacífico. Tras la derrota de España, el nuevo líder del movimiento Emilio Aguinaldo, proclamó la independencia de Filipinas el 12 de junio de 1898. En enero de 1899 se establece la República Filipina con Aguinaldo como presidente, y se promulga una Constitución escrita enteramente en español, al igual que el Himno Nacional Filipino.

Sin embargo, tras la rendición española, las fuerzas norteamericanas no entregaron sus posiciones al ejército filipino, y el gobierno de Aguinaldo fue declarado rebelde por los norteamericanos, basándose en el Tratado de París de 1898 por el que España cedía las islas a EE.UU. Así, en junio de 1899 se desató la Guerra Filipino-Norteamericana que se prolongó hasta 1901, cuando Emilio Aguinaldo fue capturado y firmó la rendición.

Las tropas filipinas en el sitio de Baler, la última resistencia española en 1899

Durante esta guerra murieron más de un millón de personas y el ejército norteamericano fue acusado de cometer atrocidades contra la población civil. El nuevo gobierno creó instituciones democráticas supervisadas, sustituyó el español por el inglés como idioma de la educación y asuntos oficiales, y redistribuyó terrenos y propiedades de la Iglesia Católica. En 1934 el gobierno norteamericano creó un régimen de autonomía para Filipinas como transición hacia su independencia. Durante la Segunda Guerra Mundial el archipiélago fue ocupado brevemente por Japón. En 1945 los norteamericanos desalojaron a las fuerzas japonesas y al término de la guerra, en 1946, concedieron finalmente la independencia a Filipinas.

Tras la independencia, Filipinas destacaba como uno de los países más avanzados y desarrollados de Asia. Pero en las décadas de la postguerra, el desarrollo se ralentizó debido a un escaso crecimiento económico y una corrupción generalizada, que alcanzó su máximo exponente con el dictador Ferdinand Marcos. Debido a su gestión abiertamente proamericana, el gobierno estadounidense le apoyó durante veinte años a pesar de ser conocedor de la corrupción masiva y los abusos de los derechos humanos en ese período. A partir de 1986, diversos gobiernos de corte democrático han dirigido el país con altibajos, crisis y acusaciones de corrupción ya que debe ser complicado el control en un país con más de 7.000 islas y casi 100 millones de habitantes.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Hostelería con solera

En Pamplona hay pocos locales del ramo hostelero que tengan una antigüedad considerable. Es difícil sobrevivir durante muchas décadas Ya que suele tratarse de negocios familiares que pocas veces resisten más allá del ciclo vital de sus fundadores. A veces ocurre que hay un sucesor comprometido o un traspaso adecuado y entonces el establecimiento alarga su vida por otra generación.

Me llaman la atención dos negocios de nuestra ciudad que son emblemáticos. Uno de ellos que permanece activo y boyante y el otro que desgraciadamente ya desapareció.

Hotel La Perla


Está situado en el centro de Pamplona, desde su inauguración en junio de 1881. Es un hotel con categoría de 5 estrellas, el "top" de los hoteles navarros, uno de los más antiguos de España y que guarda en su memoria una historia impresionante. Para los pamploneses de cierta edad, La Perla siempre ha estado ahí ofreciendo en sus porches un cálido lugar al sol en las frías mañanas de febrero. También recuerdo en mi primera juventud, algún paseo furtivo por la Plaza del Castillo con el carrico de las maletas, tomado en "préstamo" al hotel por un rato.


El origen de este hotel hay que buscarlo hacia 1881 cuando dos emprendedores de la época, Miguel Erro y su esposa Teresa Graz inician su aventura empresarial fundando la Fonda La Perla, un restaurante con servicio de habitaciones. El hotel ocupaba un edificio de nueva planta alquilado a Pedro Esteban Górriz, quien lo había construido en 1853 y que cubría el espacio que va de la calle Chapitela a la Estafeta con fachada a la que entonces era Plaza de la Constitución. El nuevo edificio cerraba una calleja sin salida que se conocía como "de la Sal", que por aquellas fechas había planteado problemas de salubridad al Ayuntamiento.

Los inicios son inciertos y el hotel sufre diversas crisis que van desde un incendio hasta la propagación del cólera en 1885 que terminó con la vida de su fundador, aunque no con la saga familiar que continuó regentando el establecimiento. En el siglo XX, el edificio se reformó en varias ocasiones y fue mejorado continuamente con los últimos elementos de confort disponibles. Así, en 1912, se había dotado al edificio de un moderno ascensor, el primero que conoció la ciudad de Pamplona, importado de París. En 1933 y en 1951 sufrió diversas reformas que fueron conformando su silueta actual en las que dejo su impronta el arquitecto pamplonés, Victor Eusa.

La última y más importante reforma del Hotel la Perla, tiene lugar en los años 2005 al 2007 donde se reestructuró el edificio al completo, se iluminó su fachada y se decoraron sus balcones. Interiormente se transformó enteramente, dejando buena parte de las habitaciones dedicadas a personajes relevantes que en algún momento de la historia pasaron por allí. De este modo, en junio del año 2007, el viejo edificio reconvertido en "Gran Hotel La Perla", inició una nueva etapa como establecimiento hotelero de lujo, con la máxima categoría.

Una historia del hotel, mucho más documentada puede leerse en el blog que publica Fernando Hualde, el cronista oficial del establecimiento en: http://laperlahistoria.blogspot.com.es/

Las Pocholas


Este emblemático restaurante estuvo situado en el número 6 del Paseo Sarasate y cerró sus puertas en el año 2000, cuando a sus propietarias les fallaron las fuerzas a causa de la edad. Las nueve hermanas Guerendiáin-Larrayoz, habían regentado en los años treinta del pasado siglo el restaurante Casa Cuevas, ubicado en la calle Comedias de Pamplona. Esta familia que tenía su origen en el valle de la Ultzama, eran gente emprendedora, conocían el mercado y dominaban la cocina, así que decidieron ampliar el negocio trasladando el restaurante y elevándolo a una categoría superior.

Con el nombre de "Hostal del Rey Noble", abrieron en 1938, el nuevo local que popularmente pasó a llamarse "Las Pocholas", apelativo cariñoso con el que eran conocidas las hermanas Guerendiáin. Siempre fue un local elegante y de prestigio, registrado como restaurante de cuatro tenedores que disponía de una capacidad de 280 comensales.

Los comienzos no fueron fáciles, pues no estaban los tiempos para muchas alegrías en plena Guerra Civil, pero la suerte se puso de su lado con la propuesta que recibieron de "Casa Nicolasa" de San Sebastián, que pasaba por ser uno de los mejores restaurantes de España, planteándoles la posibilidad de que las dos hermanas mayores trabajaran un tiempo en el afamado establecimiento para aprender los secretos de la alta cocina. Aquel aprendizaje fue muy fructífero elevando notablemente el nivel de las jóvenes cocineras con los guisos y la repostería.

Otro benefactor de la casa fue Félix Huarte Goñi, que por entonces ya era un constructor de prestigio con importantes obras en Madrid y que pensaba que Pamplona bien merecía un restaurante de nivel al estilo de las grandes ciudades. Este mecenas navarro financió la reforma del local y fue un importante apoyo económico en la etapa inicial. Se cuenta que Félix Huarte les impuso una condición: que el restaurante llevase el nombre de "Las Pocholas". Aunque bautizaron el local como Hostal del Rey Noble, las hermanas ya eran conocidas por su sobrenombre que acabó imponiéndose, alcanzando fama internacional.

"Las Pocholas" al completo

Durante más de seis décadas, "Las Pocholas" fue el restaurante de referencia entre políticos, empresarios, toreros, visitantes de la ciudad y gastrónomos en general, que sabían apreciar su trato exquisito y su excelente cocina. Dada su categoría, no estaba al alcance de cualquier bolsillo pero haciendo un esfuerzo, mucha gente acudía alguna vez a este templo gastronómico para alguna celebración extraordinaria. El restaurante siempre mantuvo las esencias de la más genuina cocina navarra que se servía en un ambiente selecto, con un elegante bar, una esmerada decoración y un mobiliario terminado a mano. En el comedor había varias pinturas de Gaspar Montes, destacado pintor del Bidasoa. En un lugar preferente se colocó un busto de Carlos III, el Rey Noble que daba nombre al establecimiento.

El local se retocó en 1966 de la mano del arquitecto Fernando Redón. De aquella reforma, permaneció hasta su cierre, la fachada de madera de roble que le daba aquel aspecto impresionante y magnífico. En 2005 el Gobierno de Navarra concedió la Cruz de Carlos III el Noble a las hermanas Josefina y Conchita Guerendiáin. En los años siguientes sus vidas se han ido extinguiendo, como lo había hecho en el año 2000 el local de sus desvelos.

El nombre de "Hostal del Rey Noble" fue rescatado en 2007, por el Hotel La Perla para el restaurante situado en sus bajos que regenta el cocinero Alex Múgica y que con su toque personal, mantiene la calidad y la tradición de "Las Pocholas"