Google+ Aislado en este planeta: octubre 2013

jueves, 31 de octubre de 2013

Zaragoza 2013

Este año 2013 está lleno de celebraciones en muchos lugares de España, conmemorando la expulsión de los franceses tras la Guerra de la Independencia, hace doscientos años.

La capitulación de Pamplona según dibujo de Paco Vela
Pamplona ha puesto estos días su granito de arena con algunos actos bastante folclóricos, simulando combates, desfiles y acampadas, recreando lo que debió ocurrir en aquellos días, aunque si reparamos en otros episodios de esa guerra, hay que convenir que lo ocurrido en nuestra ciudad solo fueron escaramuzas menores. Por el contrario, la capital aragonesa cuenta con una historia de sangre y fuego protagonizada por sus habitantes, que la sitúa entre los grandes episodios heroicos de las numerosas guerras sufridas por este país.

Monumento a los caídos en la Guerra
de Independencia, situado en la Plaza
de España de Zaragoza
Cuando los franceses cruzaron los Pirineos para su fingida conquista de Portugal, encontraron aquí bastante pobreza, cierta apatía y mucha religión. Nada que ver con la sociedad francesa ya que aquí, la gente era ruda, pueblerina e inculta y únicamente en Madrid y en alguna capital de provincia encontraron vestigios de una burguesía culta e ilustrada.

En general se puede afirmar que los españoles odiaban a los franceses y sus costumbres, aunque en aquellos días se dio el fenómeno en todo el país, de algunos ciudadanos, los afrancesados, que recibieron con entusiasmo las nuevas corrientes que acompañaban a las tropas francesas. Unos lo hicieron por frivolidad, otros por afán cultural y muchos por interés o miedo. España era un país militarmente muy inferior por lo que la primera idea de Napoleón fue que la conquista resultaría poco menos que un paseo militar. Pero no contaban con la bravura y el coraje de sus gentes, exacerbadas por la provocación que supuso el engaño francés y la crueldad mostrada en los acontecimientos de Madrid del 2 de mayo. Y así, al igual que en otros lugares, en Zaragoza se dio una resistencia civil que fue mucho más fuerte que la que podían ofrecer unas tropas escasas y mal pertrechadas.

Los sitios de Zaragoza fueron dos. El primero, entre junio y agosto de 1808, supuso un fracaso de las tropas napoleónicas que tuvieron que emprender la retirada al percatarse de que aquella empresa era mucho más difícil de lo que habían pensado. La derrota de Bailén también afectó a su moral así que decidieron una retirada táctica que les sirvió para pertrecharse y reconsiderar la forma de atacar Zaragoza, que era un enclave geográfico de importancia estratégica.

La Puerta del Carmen en una postal de hace 100 años
De este modo, en vísperas de la Navidad de 1808, los franceses iniciaron un segundo sitio de la ciudad con una cuidada planificación de ataque y con un importante contingente de unos 40.000 hombres entre infantería, caballería y numerosas piezas artilleras. La defensa de Zaragoza también había mejorado llegando a unos 30.000 soldados regulares al mando del general Palafox, pero sobre todo la moral era alta y el compromiso importante ya que la ciudad se había convertido en un símbolo de la resistencia española al invasor.

La lucha fue encarnizada y aunque pronto cayeron las defensas exteriores, la resistencia que encontraron obligó a los franceses a luchar casa por casa y a volar los edificios uno a uno, retrasando su avance y sufriendo numerosas bajas. Además del estrago bélico, la ciudad comenzó a sufrir la escasez de alimentos y peor aún, la epidemia de tifus, que terminaron con su resistencia. Ante la demanda de rendición, Palafox había respondido al general francés con su famosa frase: "¡Después de muerto, hablaremos!", pero cayó enfermo y aunque mantuvo su negativa a rendirse, la ciudad capituló finalmente el 21 de febrero de 1809.

Palacio de la Aljafería, último reducto en Zaragoza de las tropas francesas
El balance fue aterrador ya que solo sobrevivieron unos 12.000 zaragozanos de los 55.000 que contaba la ciudad un año antes y la destrucción de los edificios fue casi total. Zaragoza quedó marcada para siempre por los sitios. Doscientos años después, cuando paseas por sus calles aparecen nombres y monumentos como Paseo de la Independencia, Plaza de los Sitios, Calle Asalto, Casa de Palafox, Paseo de la Mina, Plaza de Sas, Parque del Tío Jorge, Paseo María Agustín y muchos otros que evocan personajes y hechos de aquellas trágicas jornadas.

Grabado de la época que representa la voladura en el Puente de Piedra
Cuatro años largos de ocupación y penurias debieron transcurrir hasta que el 9 de julio de 1813, sin apenas violencia y con una población local poco consciente de los acontecimientos de la guerra, se produjo la llegada de las tropas de Durán y de Espoz y Mina a las cercanías de la ciudad. Ese día, los zaragozanos despertaron a la realidad con la explosión provocada por el General París y sus tropas con la voladura de un arco del Puente de Piedra, al huir de la ciudad de noche y en secreto, cargados con municiones, objetos de valor y todos los enseres que pudieron transportar, dejando atrás una derrota sin rendición.

Con la toma de la Aljafería, días más tarde, donde había quedado resistiendo un batallón de soldados galos, terminó la ocupación francesa de Zaragoza y tres meses después, caería Pamplona, que fue la última plaza en ser liberada en aquella guerra.

viernes, 25 de octubre de 2013

La RAE

La Real Academia Española, (RAE) es una institución cultural fundada en 1713 por el marqués de Villena, Juan Manuel Fernández Pacheco, que también fue su primer director. Su creación se hizo a imitación de otras academias ya existentes en Europa como la italiana y la francesa. Al año siguiente de su fundación, Felipe V, un rey con aires ilustrados que venía de Francia, aprobó su constitución y la colocó bajo protección real.

La Academia se dedica a la regularización lingüística promulgando normas dirigidas a fomentar la unidad del idioma dentro de los diversos territorios y países donde se utiliza el idioma español. Desde sus orígenes estableció un lema que define claramente su misión:

 "Limpia, fija y da esplendor" 


La sede actual de la Real Academia Española está en Madrid, en la calle Felipe IV, zona del Retiro, cerca del Museo del Prado y de la iglesia de los Jerónimos. El edificio, de estilo clasicista, se construyó a partir de 1891 y fue inaugurado el 1 de abril de 1894, bajo la presidencia de la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII. 

Actualmente, este edificio palaciego alberga unos 250.000 volúmenes, de ellos 30.000 procedentes del Siglo de Oro, lo que constituye una de las bibliotecas más ricas y valiosas del mundo. El Pleno de la institución está formado por los académicos que ocupan los sillones con nombres de letras mayúsculas y minúsculas, con un total de 46 miembros.

Sede de la RAE, junto al Museo del Prado

Cuando los países hispanoamericanos alcanzaron su independencia y aún antes como en el caso de Colombia en 1771 y en otros con posterioridad, surgieron allí también las academias nacionales que tenían los mismos fines, pero con el transcurso de los años se vio la necesidad de evitar la dispersión del idioma mediante una cooperación y mejor aún de una coordinación que cristalizó en 1951 en un congreso que se celebró en México, donde se constituyó la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) que integra a las veintidós Academias nacionales de los países donde se habla español. En aquellos años, España tenía poca presencia en los foros internacionales y tuvo que ser México quien tomara la iniciativa.

Primer Diccionario de la RAE
Precisamente en estos días se ha celebrado en Panamá el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, una reunión de las Academias que se celebra cada tres años en diferentes ciudades del mundo hispano. Durante los cuatro días de duración del Congreso, se han reunido, además de una notable representación de políticos y mandatarios, numerosos y destacados académicos y escritores para debatir sobre el presente y el futuro del libro en español, la propiedad intelectual, la industria editorial y la educación. También los foros de discusión han tratado sobre temas muy actuales como el formato digital, el papel de los blogs, la piratería y los derechos de autor. El propio Congreso, también ha servido para rendir un homenaje a la RAE coincidiendo con la celebración del tercer centenario de su fundación. 

Desde un punto de vista práctico y gracias a las nuevas tecnologías, la RAE nos puede echar una mano en nuestras dudas lingüísticas gracias a su portal, accesible en http://rae.es/ y también en los dispositivos móviles gracias a varias aplicaciones gratuitas que se pueden encontrar en las tiendas:

Otra entidad cultural de primer orden es la Biblioteca Nacional, contemporánea y hermanada con la Academia, también fundada por Felipe V a finales de 1711. Por un privilegio real, que es el precedente del actual "depósito legal", los impresores debían entregar a la Biblioteca, un ejemplar de cada libro impreso en España y en los dominios de la Corona. De este modo, los fondos actuales de la Biblioteca han alcanzado los 28 millones de ejemplares que van desde incunables hasta las últimas creaciones multimedia de la actualidad.

Edificio de la RAE en Alcalá de Henares
La sede histórica de la institución se encuentra en el Paseo Recoletos de Madrid, pero una parte importante de sus enormes depósitos está en un moderno edificio en Alcalá de Henares, con poco aspecto de biblioteca y mucho más de almacén industrial, dotado de los últimos recursos tecnológicos.

Una reflexión que se me ocurre al hilo de la presencia cultural de la Academia y de su misión después de trescientos años, es que el cuidado y buen uso de nuestra lengua también es responsabilidad de todos ya que la palabra, hablada y escrita, es en definitiva el medio que nos lleva de la ignorancia al conocimiento.

viernes, 18 de octubre de 2013

Tierras de Castilla (II)

La provincia de Burgos


Burgos es la cuna de Castilla y una de las nueve provincias de la región. Es la demarcación con más municipios, la segunda en extensión y la tercera en población de las provincias castellanas. Sin embargo no es una tierra muy habitada ya que siendo extensa la provincia, su población es escasa con una densidad de habitantes por kilómetro que es la cuarta parte de la media nacional. Es tierra de orografía complicada que va de un norte montañoso y abrupto a una zona sur más llana, pero en todo caso se trata de tierras altas de la meseta situadas por encima de los 800 metros sobre el nivel del mar. Esto marca su clima que es continental y extremo, frecuentemente seco y frío. Curiosamente las cuencas fluviales de sus ríos llevan las aguas a los tres mares de la península; Cantábrico, Atlántico y Mediterráneo.
Conocer a fondo la provincia llevaría muchos días y kilómetros, así que el visitante tiene que elegir y simplificar. Entre sus numerosos puntos de interés me quedaré con cuatro localidades que son una muestra muy representativa pero muy incompleta.

Oña

En el norte de la provincia, en la comarca de La Bureba, se encuentra esta localidad que tiene sus raíces en los tiempos más remotos. Figura en la historia desde mediados del siglo VIII, cuando surgió como un baluarte fortificado en un acceso estratégico a los territorios que eran refugio de los cristianos ante el avance de las tropas musulmanas. Dos siglos más tarde, el primer conde de Castilla, Fernán González, le concede sus primeros privilegios y su nieto, el conde Sancho García, eleva el lugar al rango de condado y funda el Monasterio de San Salvador en el año 1011. Desde ese momento el devenir de Oña está ligado íntimamente a esta poderosa abadía benedictina que con el tiempo llegó a convertirse en una de las instituciones más influyentes del reino de Castilla. Solamente la visita a este impresionante monasterio justifica un viaje hasta la localidad que además ofrece un entorno amurallado y un conjunto monumental muy notable. En las cercanías hay otros pueblos de interés como Briviesca y Villarcayo.

Monasterio de San Salvador en Oña


Aranda de Duero

El "padre Duero" es el río vertebrador de Castilla y León. En su recorrido desde los Picos de Urbión en Soria, hasta las Arribes del Duero en Salamanca, discurre por cinco de las provincias de la región, atravesando importantes parajes, regando unos 60 municipios y discurriendo bajo más de 100 puentes medievales y también romanos. Podemos decir que el Duero constituye el eje argumental de la historia castellana.

Bodega-cueva en Aranda de Duero

En su paso por Burgos recorre 68 kilómetros por el sur de la provincia. A sus orillas encontramos la ciudad de Aranda, un importante polo industrial de la región que históricamente fue villa de realengo pero que alcanza su esplendor con el desarrollo agrícola e industrial a partir del siglo XIX impulsado además con la llegada del ferrocarril. Actualmente es la sede de varias factorías de empresas internacionales pero se le reconoce en el plano turístico por sus más de 120 bodegas subterráneas, algunas muy antiguas, que suman más de siete kilómetros de galerías en el subsuelo de la ciudad. Muchas son visitables y son un complemento a la visita gastronómica para degustar el famoso cordero lechal asado en un sinfín de hornos cercanos a las mismas bodegas. A tener en cuenta no lejos de Aranda, los pueblos de Caleruega y Peñaranda, ambos monumentales e históricos.

Monasterio de Sto. Domingo de Guzmán en Caleruega

Lerma

Desplazándonos al norte, a mitad de camino a la capital, encontramos la villa de Lerma que alcanza relevancia y desarrollo a partir del mecenazgo obtenido de D. Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma, valido y favorito del rey Felipe III a principios del siglo XVII.
Se puede ver la historia que conté de este personaje aquí.

Aunque las maneras del duque fueron más propias de un facineroso y especulador, la villa le debe el esplendor que luce desde hace cuatro siglos y que constituye su mejor argumento turístico hoy en día. Destaca en su arquitectura el imponente Palacio Ducal, hoy Parador Nacional, que imita sin recato el estilo del Monasterio del Escorial complementado con una plaza de 7.000 metros cuadrados, una de las mayores de su tiempo en la península.

Palacio Ducal que hoy es Parador Nacional

La villa se asienta sobre un cerro que domina el valle del Arlanza y estuvo en otros tiempos amurallada pero perdió su traza medieval en el siglo XVII al convertirse en lugar de recreo de la monarquía de los Austrias por deseo del Duque que la utilizó para ganarse los favores del rey. En su trazado urbano, destacan casas palaciegas, puertas de muralla y varios conventos del siglo XVII, incluidos tres de clausura. De los templos destaca la Colegiata de San Pedro, un hermoso edifico que alberga importantes piezas artísticas y se comunica directamente con el Palacio Ducal mediante un pasadizo por el interior de la muralla.

Silos

A poca distancia de Lerma se encuentra otra joya de la provincia: el monasterio de Santo Domingo de Silos, magnífica obra románica, pero con origen visigodo, de la que únicamente quedan los claustros y la Puerta de las Vírgenes. Lo demás, incluida la iglesia, es obra mucho más reciente en estilo neoclásico. Sin embargo la belleza del claustro es tal que tiene reconocimiento mundial por sus magníficos capiteles, donde se describe una amplísima temática con narraciones en piedra de la Historia Sagrada. Y en la iglesia se puede escuchar cada día a los monjes benedictinos entonando los cantos gregorianos en medio de un ambiente sobrecogedor. Silos es el nombre del pueblo que acoge el monasterio y es realmente un lugar con encanto con una oferta hostelera muy digna.
En esta zona merecen una parada las localidades de Salas de los Infantes y Covarruvias.

Claustro del Monasterio

La provincia entera y también sus vecinas de Palencia, Segovia y Soria son un enorme museo que hará las delicias de los aficionados a la historia y al arte. El Camino de Santiago atraviesa la provincia de Burgos de este a oeste dejando en la propia ruta, y sobre todo en sus alrededores, una enorme dispersión de iglesias románicas que muestran en la actualidad el esplendor de un patrimonio lejano en la historia pero cercano e íntimo para el visitante.

viernes, 4 de octubre de 2013

Tierras de Castilla (I)

Me gustan las ciudades castellanas porque son cómodas para ser vividas y disfrutadas. Su dimensión de ciudades medianas o pequeñas, las hace muy asequibles para la visita turística y supongo que también para residir en ellas. Son realmente atractivas porque conjugan perfectamente la historia, la cultura, el paisaje y la gastronomía. Los castellanos son un tanto reservados, de recio temperamento pero amables, educados y bastante tradicionales lo que en definitiva les hace unos buenos anfitriones.

Panorámica desde el Castillo
Burgos es el paradigma de ciudad castellana. Este año ostenta el título de Capital Española de la Gastronomía, un galardón que premia a la ciudad que destaca por su calidad culinaria, la creatividad de los profesionales, la riqueza de sus productos y de sus denominaciones de origen. No sé si este año se han esforzado más pero el nivel de su oferta gastronómica es magnífico y eso contribuye a que el recorrido por su patrimonio artístico sea más gratificante.

La Catedral de Burgos es uno de los más bellos monumentos del arte gótico que existen y por ello ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad concedido por la UNESCO en 1984. Fue mandada construir por Fernando III el Santo en 1221 y su estilo es gótico clásico de varias épocas. La visita debe comenzar descubriendo el templo al cruzar el Arco de Santa María, una bella puerta medieval de la ciudad. Después te podrías quedar una semana observando el monumento por fuera y más aún por dentro, aunque no lo haces porque te esperan otros destinos. Pero hay que detenerse como mínimo para admirar la cúpula estrellada que cubre las tumbas del Cid y Doña Jimena, el coro, la Capilla del Condestable y la Escalera Dorada del arquitecto y escultor burgalés Diego de Siloé, uno de los artistas más destacados del Renacimiento español.

Catedral de Burgos

En el casco viejo, de traza medieval, hay numerosas y destacadas iglesias donde se escribe la historia de la ciudad. En la arquitectura civil hay bellos palacios nobiliarios empleados ahora como museos pero sobre todos destaca la Casa del Cordón, que fue palacio de los Condestables de Castilla, donde los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón tras su segundo viaje a tierras americanas.


También se puede subir al cerro de San Miguel donde está enclavado el Castillo que data de los primeros tiempos de la Reconquista. Desde allí hay una vista perfecta de la ciudad. En 1812, los franceses en su huida ante el asedio del Duque de Wellington, lo volaron parcialmente destruyendo las vidrieras de la catedral así como algunas iglesias y matando accidentalmente a numerosos soldados de su propio bando.

Santa María de las Huelgas
Saliendo de la ciudad por ambos extremos del casco histórico, se encuentran dos importantes monumentos. Hacia el oeste podemos encontrar el Real Monasterio de Santa María de las Huelgas, habitado por las monjas cistercienses de San Bernardo. Fue fundado a finales del siglo XII por el rey Alfonso VIII de Castilla y su iglesia que sigue el modelo  del Cister, es sepulcro de reyes desde aquella época. También destaca su claustro gótico que se visita en el recorrido guiado en horarios algo restringidos. 
Cartuja de Miraflores
Hacia el este, siguiendo el curso del Arlanzón a unos tres kilómetros, se encuentra la Cartuja de Miraflores que fue fundada en 1441 por el rey Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica. Fue entregada a los cartujos con el fin de velar por los sepulcros; el de Juan II e Isabel de Portugal colocado en el centro de la nave y el de su hijo menor, el infante Alfonso, situado en el lado del Evangelio que, junto con el retablo policromado, son obra de Gil de Siloé. Todo el interior de estilo gótico isabelino, es de gran belleza, destacando además las vidrieras procedentes de Flandes. La Cartuja es en definitiva un monumento de visita obligada.

San Pedro de Cardeña 
Alargando el recorrido unos 8 kilómetros, nos encontramos el Monasterio de San Pedro de Cardeña, un precioso y enorme edificio cuyos orígenes se pierden en la Alta Edad Media y que a lo largo de su historia ha vivido importantes episodios como el martirio de 200 monjes a manos musulmanas en el siglo X o que fue refugio del Cid y su familia así como su tumba. Incluso su caballo Babieca está enterrado en el patio. El Monasterio tiene la bodega más antigua de España que aún elabora y vende sus vinos.

Vista del Claustro
Además de la monumentalidad que aporta haber sido capital de Castilla durante cinco siglos, Burgos está en el Camino de Santiago, lo que le supone otra fuente de riqueza histórica medieval. A unos 15 kilómetros de la ciudad se encuentra el yacimiento arqueológico de Atapuerca, escenario de excepcionales hallazgos paleontológicos como los fósiles de homínidos antecesores de la raza humana. Para recoger y mostrar el fruto de las excavaciones, se ha construido en el centro de Burgos el Museo de la Evolución Humana, una obra de grandes dimensiones, de planta rectangular, compuesto por tres edificios y recubierto en su mayor parte de cristal, que fue inaugurado hace tres años y supuso una inversión que me recordó de inmediato los tiempos de "cuando éramos ricos". La visita, con las explicaciones del guía, resulta muy interesante y aleccionadora.

Museo de la Evolución Humana
Lo bueno que tiene Burgos es que después de la fatiga que supone tanta incursión en el arte y la historia, se puede regresar a la actualidad más prosaica, internándose en su casco viejo a repostar. La zona de bares es rica y abundante y para comer te puedes dirigir a Casa Ojeda, un auténtico templo culinario, pero si quieres gastar la mitad sin que desmerezca el resultado, basta con internarse por la calle San Lorenzo y aledaños para encontrar sin esfuerzo magníficos muestrarios de la gastronomía local con sus joyas principales: la morcilla y el lechazo asado. Además, estamos en tierra de vinos con destacadas denominaciones como Ribera de Duero y Arlanza. Con todo esto, ¿Qué más se puede pedir?