Google+ Aislado en este planeta: Veinte mil leguas de cable submarino

sábado, 14 de septiembre de 2013

Veinte mil leguas de cable submarino

Parodiando el título de la novela de Julio Verne, me quedo con esta variante para definir la inmensa red de cables que rodean al planeta atravesando todos sus mares y llegando a todos sus rincones.

Podemos pensar que las comunicaciones son cada vez más inalámbricas y así lo vemos en los aparatos de uso más cotidiano como el móvil, el wifi, el GPS, la radio o la televisión. Pero el verdadero tráfico, las ingentes cantidades de datos que viajan por todo el mundo, lo hacen principalmente por cables. Estos pueden ser terrestres con tendidos aéreos o subterráneos, pero más importantes aún son los tendidos de cable submarino que pasan muy desapercibidos hasta que despliegas un mapa del mundo como el de este enlace y descubres la impresionante maraña que cubre los mares del planeta.

http://www.submarinecablemap.com/

El mapa es interactivo y ampliable. Pinchando en las líneas de distintos colores, da información de cada trazado en la parte derecha.

La manipulación del cable es difícil por su enorme peso
Esta red mundial submarina, que ya supera los 900.000 kilómetros, está totalmente interconectada a través de los nodos de distribución que se reparten por distintos países a los que se conectan los centros de datos, las redes privadas, los operadores telefónicos y las grandes empresas de Internet. En definitiva, por mar y por tierra, al extremo de algún minúsculo ramal de esta red estamos casi todos los habitantes del planeta, de modo que si "seguimos el hilo" podríamos llegar a contactar con cualquiera en otro extremo.

Un barco cablero
La impresionante red que se ve en el mapa, se ha ido construyendo lentamente aunque de forma más acelerada en los últimos años, con el galopante incremento de datos desde la aparición de fenómeno Internet. Actualmente, más del 90% de la información que circula por la Red, utiliza en algún momento un cable submarino, mientras que los satélites soportan un escaso 5% del tráfico mundial. Hay instalados más de 900.000 km de cables por todos los mares del planeta.

El primer cable submarino internacional unió a Inglaterra con Francia a través del Canal de la Mancha, con gran esfuerzo y dinero de los hermanos Brett, en 1850, pero sólo duró unos días ya que un pescador francés lo rompió con su ancla. En 1851, en un segundo intento con un cable blindado, consiguieron que estuviera en servicio muchos años. 
Gigantescos rollos de cable
Algo después, en 1858, tras una instalación accidentada, el primer cable transatlántico submarino consiguió conectar Irlanda con Terranova pero sólo duró tres semanas, ya que los cables cedieron a las inclemencias y a la orografía del suelo marino. La mayor parte de los inversores de aquella empresa, abandonaron pero el gran proyecto de conectividad global consiguió estabilizarse diez años más tarde gracias al apoyo de los gobiernos y a una fabulosa resina traída de las colonias asiáticas llamada gutapercha, un excelente recubrimiento aislante para los cables. El avance fue enorme ya que miles de telegramas podían cruzar el Atlántico con facilidad lo que propició que para finales del siglo XIX, ya había 15 tendidos submarinos entre Europa y América.

La historia de las comunicaciones por cables submarinos tiene tres grandes etapas; la primera es la época del telégrafo hasta 1950, después vinieron los pares de cobre para la telefonía analógica que dieron paso a los cables coaxiales y a partir de 1980 comienzan las comunicaciones digitales utilizando los cables de fibra óptica, que son actualmente la base de la red mundial de telecomunicaciones, con velocidades de transmisión de hasta 2,5 Gbps en cada fibra, lo que equivale a más de 30.000 canales telefónicos de 64 Kbps. La estructura de un cable moderno de alta resistencia se compone de varias capas de polietileno, mylar, acero, aluminio y otros componentes plásticos, protegiendo a las propias fibras ópticas que forman su núcleo.

Barco cablero de gran tonelaje
El tendido de los cables por el lecho del océano en una auténtica proeza de la ingeniería. Se utilizan barcos cableros que al igual que toda la maquinaria son de fabricación especial para esta labor. En profundidades intermedias, los cables se entierran en el fondo marino, en una zanja de un metro. Para ello el barco cablero remolca una especie de arado que hace un surco, el cable se desenrolla desde el mismo barco, pasa por el arado y se deposita en la zanja. Las bobinas de fibra tienen hasta 6 kilómetros de longitud y deben ser empalmadas en el propio barco en una operación de precisión para evitar pérdidas por reflexión de la luz. Otro problema a resolver es la atenuación de señal que debe ser regenerada mediante amplificadores fabricados con un metal raro llamado erbio y que deben instalarse cada varios kilómetros.

Si no hay incidentes un barco puede enterrar hasta 200 km de cable en una jornada. Esta industria se ha especializado en el desarrollo de robots y submarinos no tripulados que hoy se utilizan en muchos trabajos en profundidad. Además del tendido, las empresas del sector hacen también la reparación y mantenimiento de los cables que es igualmente, una tarea altamente especializada y relativamente frecuente.

Empalme de un cable submarino
La tecnología de la fibra óptica se basa en un haz de luz proporcionado por un laser que viaja confinado en el interior de la fibra, casi sin límite de distancia y con la ventaja añadida de que es inmune a las interferencias. Cada generación de la tecnología de fibras, va mejorando las prestaciones. Por ejemplo, el SAM-1 de Telefónica es capaz de ofrecer 4 Terabits por segundo y unir 9 países desde Estados Unidos hasta Chile rodeando todo el continente. Otro ejemplo es el SEA-ME-WE-3, el más largo del mundo con 39.000 kilómetros de trazado, que parte desde Alemania y toca 39 puntos del globo hasta llegar a Japón y a Australia. En un futuro inmediato, entrarán en servicio en varios países, nuevos tendidos con capacidades de hasta 60 Terabits por segundo, necesarios para mantener el incesante y quizás disparatado crecimiento de las telecomunicaciones en el mundo.

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