Google+ Aislado en este planeta: octubre 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

"God Save the Queen" y la fístula del rey

"God Save the Queen" ("Dios Salve a la Reina") es una canción patriótica británica, que tradicionalmente ha sido interpretada como himno nacional del Reino Unido y sus colonias y como himno real de la Familia Real Británica. Su título varía dependiendo de que el monarca británico sea hombre o mujer cambiando la apelación "king" por "queen".

Luis XIV, el Rey Sol
El antecedente de "God save the King", se encuentra en la pieza "Grand Dieu sauve le Roi" compuesta por Jean-Baptiste Lully, que fue posteriormente adaptada por Handel y vendida a la monarquía británica como himno real. En el origen de esta música se encuentra una anécdota algo jocosa. Fue Luis XIV, conocido como "el Rey Sol", (1638 – 1715), la máxima representación de la monarquía absolutista, que llevó a Francia a una de sus épocas más gloriosas. Naturalmente, durante su reinado, no todo fueron días de miel y rosas, ya que durante años estuvo "sufriendo en silencio", y más en concreto padeciendo de una fístula anal. Al parecer sufría de un problema de estreñimiento crónico que acabó causándole la fístula con sus tremendos dolores al evacuar. Siguió todos los tratamientos conocidos en la época, que no hicieron otra cosa que empeorar la real parte. 

Llegó un momento en que su estado era insoportable y ordenó a sus médicos que le dieran un remedio definitivo. La consulta de galenos decidió que la única solución era una intervención quirúrgica, ...pero nunca se había hecho antes. Así que necesitaron un tiempo para experimentar con otros pacientes, no se sabe si voluntarios o por la fuerza, que debieron sufrir algún que otro contratiempo, hasta que el médico personal del rey, consideró que ya estaba preparado.

Palacio de Versalles
Así que una alegre mañana de 1686, el rey adoptaba una posición nada digna y el médico se ponía manos a la obra. La intervención fue todo un éxito y después de unos meses de recuperación, el Rey Sol aparecía montado en su caballo. La curación del rey fue motivo de alegría para el pueblo francés y uno de los mejores músicos de la época, Jean Baptiste Lully, francés de origen italiano, decidió componer la canción "Grand Dieu sauve le Roi" que tuvo un gran éxito popular y que más tarde, llegaría a convertirse en el himno de la monarquía hasta la revolución francesa.

Georg Friedrich Händel
Handel, el músico alemán que se nacionalizó inglés, estaba en 1714 de visita en Francia donde conoció la canción y se quedó con su música pegadiza. Al nombramiento de Jorge I como rey de Inglaterra, Handel traslada su domicilio a Londres y a partir de entonces verán la luz sus mejores composiciones, entre ellas su más famoso oratorio: "El Mesías". Recordando aquella música que había escuchado en Francia, y haciéndole algún arreglo, se la ofreció a Jorge I como creación propia y así terminó por convertirse en "God save the Queen", que actualmente se interpreta en ceremonias oficiales y actos importantes del Reino Unido y de los territorios de la Commonwealth, aunque hay que considerar que el himno no ha sido jamás adoptado oficialmente por Proclamación Real ni por ley del Parlamento Británico.

Este himno nació en Francia, se adoptó en Inglaterra y posteriormente, en distintas versiones y con letras diferentes, pasó a otros países como himno real o nacional. Tal es el caso de Liechtenstein, Suecia, Alemania o el Imperio Ruso, donde su letra decía "Dios salve al Zar".

"God save the King" interpretado durante la coronación del rey George V, en 1911

jueves, 18 de octubre de 2012

Viaducto de Millau


El Viaducto de Millau, en el departamento francés de Aveyron, es el puente más alto del mundo. Fue puesto en funcionamiento en 2005 tras 3 años de intensos trabajos de construcción.

La estructura alcanza una altura máxima de 343 metros sobre el río Tarn en su pilar 2, y tiene una longitud de 2.460 m. entre las laderas en que se asienta. Está construido con 7 pilares de hormigón, y el tablero tiene una anchura de 32 metros con dos carriles de tráfico en cada dirección.

La calzada discurre a 245 metros del cauce del río, el puente pesa 400.000 toneladas, resiste vientos de 210 kilómetros por hora y costó más de 300 millones de euros. La construcción del viaducto de Millau, en el sudeste de Francia, es una colosal obra de ingeniería que incluso supera en altura a la Torre Eiffel. Desafiando las leyes de la física para salvar la dificultad orográfica del valle del río Tarn, el puente da continuidad a la autopista A-75 para descongestionar el tráfico y acortar en más de 100 kilómetros la ruta que conecta París con el Mediterráneo a través de Clermont-Ferrand y el Macizo Central.

Hasta siete países europeos, entre ellos España, participaron en su construcción mientras que el diseño fue obra del arquitecto inglés Norman Foster. Ingenio francés y diseño británico pero contando con la indispensable aportación de otros países europeos. Italia asumió la responsabilidad de fabricar el armazón; Alemania, el acero, los mecanismos de apoyo y las técnicas informáticas; Bélgica llevó a cabo los estudios topográficos; Austria aportó la robótica; Portugal, el material de soldadura y en España se ideó el sistema telescópico de gatos hidráulicos y se suministraron los cables de acero que atirantan la plataforma y confieren al puente esa grácil silueta de velero.

La ciudad de Millau y sus alrededores se han convertido gracias al puente, en una zona turística de gran interés y no es para menos ya que, además de su récord de altura, la obra aporta magníficas vistas y espectaculares fotos del viaducto como las que aquí se muestran.









































lunes, 15 de octubre de 2012

El "Imperio" español

Hasta mediados del siglo XX, España aún mantenía posesiones de importancia en el norte de África, pero se fueron perdiendo con rapidez: el Protectorado de Marruecos en 1956, Guinea Española en 1968, Ifni en 1969 y el Sahara Español en 1976.

¿Que le queda a España de aquel vasto imperio que llego a cubrir los cinco continentes?
En realidad, poca cosa. Veamos la situación actual de los territorios españoles más allá de nuestras fronteras peninsulares.

Por un lado tenemos los archipiélagos de Baleares y Canarias, además de las plazas de Ceuta y Melilla. Todos ellos conforman el Estado Español y tienen el status de comunidad o ciudad autónoma. La situación actual es de facto y por derecho, que dichos territorios son partes de España.

Lo mismo ocurre con la Isla de Alborán, que se encuentra a medio camino entre el Cabo de Gata y la costa marroquí. Este islote de origen volcánico, tiene consideración de territorio español y pertenece administrativamente a la provincia de Almería. Tiene algo más de 7 hectáreas de superficie y su longitud máxima es de 650 m. En su pasado hay historias bélicas y de corsarios. En 1540 se produce en sus proximidades la Batalla de la isla de Alborán, entre 10 galeras españolas al mando de Bernardino de Mendoza y una flota de 16 corsarios berberiscos. Fue una de las primeras acciones de la Armada Española, en la que además, salió victoriosa. El 9 de mayo de 1884, el rey Alfonso XII ordena su anexión a la provincia de Almería.


Por otro lado, hay otras pequeñas posesiones que no pertenecen a ninguna autonomía y son administradas directamente por el estado español. Estas son fundamentalmente pequeñas islas y peñones en el mar de Alborán, cercanos a la costa de Marruecos, que son tema de actualidad cuando nuestro vecino del sur las reivindica con escaramuzas, invasiones y protestas, sin ningún efecto hasta la fecha. También se habla de ellas con motivo de la llegada a sus playas de inmigrantes subsaharianos, que pretenden usarlas como trampolín hacia España y Europa, como ha ocurrido recientemente.

En el norte de África y siempre muy cerca de la costa marroquí, se encuentran:

Isla de Perejil

Islote Perejil
Es un islote deshabitado situado en el estrecho de Gibraltar, a unos 200 metros de la costa del continente africano. Su conquista por España fue simultánea con la conquista de Ceuta y esta situado a unos 8 km al noroeste de esta ciudad.
Se hizo famoso por los sucesos de 2002 cuando fue invadido por soldados marroquíes que fueron expulsados en pocos días por tropas españolas.

Peñón de Vélez de la Gomera

Se trata de un peñón conectado a Marruecos por un estrecho istmo se apenas 80 metros de anchura, que hace de frontera terrestre entre los dos países.
Peñón de Vélez de la Gomera
Está habitado por una guarnición permanente del ejército español, garantizando la soberanía del territorio. Se encuentra a mitad de camino entre Ceuta y Melilla y se trata de una roca de 400 m de longitud y 87 m de altura, completamente ocupada por las edificaciones militares. Este peñón fue conquistado por los españoles en 1508, por una escuadra mandada por Pedro Navarro que aniquiló al poderoso núcleo de piratas que lo defendían. Aunque fue reconquistado en 1522 por Muley Mohamed, señor del territorio cercano, en 1564, una armada enviada por Felipe II recuperó el peñón para España que ha mantenido el dominio hasta hoy.

Islas Alhucemas

Peñón de Alhucemas desde la playa marroquí
Es una formación de tres pequeñas islas: Isla de Tierra, Isla de Mar y Peñón de Alhucemas y están situadas a medio camino entre Ceuta y Melilla, a unos 100 metros de la costa marroquí en su punto más cercano. La Isla de Tierra ha sido objeto de un desembarco de inmigrantes en días pasados, intentando la entrada en España. "A vista de pájaro parece un navío que intenta surcar las aguas, pero anclado en la historia de España, no se mueve ni una pulgada". Así se describe en la web del Ministerio de Defensa el Peñón de Alhucemas, guarnecido desde 2008 por un Regimiento de Artillería. Las otras dos islas permanecen desiertas. El archipiélago pertenece a España desde tiempos de Felipe II y tuvo un papel relevante durante el desembarco de Alhucemas en 1925, en la guerra del Rif.

Islas Chafarinas

Islas Chafarinas
Estas islas constituyen un archipiélago español del mar Mediterráneo, que está situado a unos 4 km de las costas de Marruecos. Son tres islas: Isla del Congreso, Isabel II y Rey Francisco que suman una superficie de algo más de medio kilómetro cuadrado. Están protegidas bajo la forma de Reserva Nacional y solo los militares destinados a aquella guarnición tienen acceso a las islas.
Las Chafarinas pertenecen a España desde el 6 de enero de 1848, día en que fueron ocupadas por una expedición al mando del general Serrano, con varios buques de guerra procedentes de Málaga. Hasta entonces habían sido tierra de nadie.

Aunque la lista de posesiones españolas termina aquí, hay que señalar algún episodio curioso que se ha dado en nuestros territorios. Uno es muy cercano y se trata de la Isla de los Faisanes. No es un gran territorio que digamos, ya que se trata de un banco de arena en mitad del río Bidasoa que apenas llega a los 2.000 metros cuadrados. Lo curioso de este islote es que durante 6 meses al año pertenece y es administrado por España y los otros 6 meses, por Francia, concretamente por los municipios de Irún y de Hendaya. Es lo que se conoce como un condominio según el derecho internacional y por su tamaño es el más pequeño del mundo.
Isla de los Faisanes
Desde hace siglos esta isla se ha venido utilizando como tierra neutral entre ambas naciones para realizar intercambios diplomáticos, entregas de presos, y sobre todo, para la firma y negociación de tratados internacionales. Aquí fue donde se rubricó el Tratado de Paz de los Pirineos, que puso fin al conflicto militar que enfrentó en el siglo XVII a España y Francia y por ello, en el centro de la isla, existe un monolito conmemorativo de estos sucesos.
El 6 de Junio de 1660, los propios reyes Felipe IV y Luis XIV se reunieron en la isla para ratificar el Tratado y acabar definitivamente con el conflicto entre las dos naciones, poniendo así punto final a la Guerra de los Treinta Años, acordando además el matrimonio de Luis XIV con María Teresa de Austria, infanta de España.

Otra curiosidad poco conocida la constituyen las Islas Salvajes. Son un grupo de tres islas principales: Isla Salvaje Grande, Isla Salvaje Pequeña e Isla de Fora, además de varios islotes situados en el océano Atlántico, a 165 kilómetros al norte de las Islas Canarias y 280 kilómetros al sur de las islas de Madeira. Actualmente, aunque se encuentran más cerca de Canarias, Portugal las tiene asignadas a la región autónoma de Madeira y España no dice nada. La distancia total entre las islas es de 15 km y la superficie del archipiélago es de 2,73 km2.

Situación de las Islas Salvajes
En 1364 aparecen estas islas en un mapa de Francesco Pizzigani. Sin embargo, en 1438, Diego Gomes de Sintra, marino portugués, proclama haberlas descubierto por casualidad. Sin embargo, durante la conquista de las Canarias, desde el año 1402, los barcos españoles fondearon en las Islas Salvajes pero no dejaron población por considerarlas inhabitables, sin agua potable, con peligrosos arrecifes, suelo pedregoso y de nulo valor económico. Dieron por sentado que pertenecían al conjunto de Canarias, pero no se dejó constancia internacional de ello, al igual que tampoco lo había hecho Portugal hasta entonces.

En los siglos siguientes, tanto España como Portugal las consideraron suyas aunque permanecieron deshabitadas. En 1881, España decide construir un faro en Las Salvajes, ante lo que Portugal protesta. El proyecto del faro se paralizó hasta 1911, año en que España comunicó a Portugal su intención de instalarlo e incorporar definitivamente las Salvajes a Canarias, pero este acuerdo no llegó a formalizarse. El contencioso continúa hasta nuestros dias aunque con muy baja intensidad. Hará falta que algún acontecimiento internacional o de interés económico, lo devuelva a la mesa de negociación.

Pero el caso más pintoresco es el de las cuatro islas españolas perdidas en el Océano Pacífico. España poseía en aquellos mares, hasta el siglo XIX, un conjunto de islas que, tras perder la Guerra de Cuba y las colonias de Filipinas, Puerto Rico y Guam, firmó un tratado en 1899 en el que vendía al Imperio Alemán las islas que poseía en Oceanía: Carolinas, Marianas y Palaos por un importe de 25 millones de pesetas de la época.
Pero fuera de ese acuerdo quedaron cuatro pequeñas islas (o atolones) llamadas Guedes, Coroa, Pescadores y Ocea, cuya ubicación se encuentra entre Melanesia y Polinesia, en el Océano Pacífico.

Archipiélago de Pescadores
Micronesia española
Estas islas fueron descubiertas en el año 1537 por Hernando de Grijalva, explorador y conquistador español que navegó gran tiempo con Hernán Cortés y que ese año decidió probar suerte por el Océano Pacífico a bordo de la nave Santiago. Fue su último descubrimiento y viaje, ya que ese mismo año murió a manos de su tripulación tras un motín.
Desde que finalizó el siglo XIX  y se firmaron los tratados por los que España dejaba de poseer la mayoría de sus colonias, nadie se había percatado de que ese grupo de islas que conformaban la Micronesia española en Oceanía, seguían estando bajo su soberanía, y no fue hasta 1948 cuando un investigador del CSIC, Emilio Pastor, encontró unos documentos que acreditaban la pertenencia de las cuatro islas a España al haber quedado fuera de los tratados firmados con Estados Unidos y Alemania.
Lo puso en conocimiento del Gobierno, en aquellos momentos bajo el mandato de Franco que, tras un Consejo de Ministros celebrado el 12 de enero de 1949, dio a conocer el poco interés que había hacia las mismas. Desde entonces ningún gobierno posterior ha intentado reclamarlas, debido a su escaso valor tanto económico como estratégico. Me pregunto si la posesión de unas islas tan remotas sería ruinoso y no interesan o si se trata de un caso de desidia de la política exterior de España.

¡Tenemos unas hermosas islas en los mares del sur y nosotros sin saberlo!

miércoles, 10 de octubre de 2012

Transiberiano

El Ferrocarril Transiberiano es una red ferroviaria que conecta la Rusia europea con las provincias del Lejano Oriente ruso, Mongolia y China. No se trata de una sola línea ni de un expreso que vaya de extremo a extremo, sino de un sistema de ferrocarriles. Sin embargo, si hay un tren, que se llama "Rossiya", que circula diariamente, durante todo el año, de Moscú a Vladivostok. Hay también dos trenes a la semana que realizan parcialmente la misma ruta hasta Beijing: uno es el tren TransManchuriano de los ferrocarriles rusos y el otro el TransMongoliano, de los ferrocarriles chinos. 

Mapa del Transiberiano
El impulso para el tendido de una linea de tan enormes dimensiones vino principalmente de los problemas asociados con el tamaño de Rusia. A lo largo del siglo XIX, fue tomando cuerpo la idea de que el imperio necesitaba un ferrocarril que conectara Moscú con las regiones de Siberia Central permitiendo la explotación de los enormes yacimientos que se iban descubriendo, y llegar hasta el Pacífico y el puerto de Vladivostok, que había sido fundada en 1860. Hubo propuestas de empresas extranjeras que ya tenían experiencia en la construcción de ferrocarriles, pero los zares rusos no querían ninguna influencia extranjera en Siberia y el Lejano Oriente, así que el proyecto se consideró una cuestión de orgullo nacional y finalmente, se decidió construir la ruta con fondos de la tesorería de Rusia. "El Transiberiano es un asunto del pueblo ruso y tiene que ser hecho por los rusos y con materiales rusos"


En 1886, 25 años después de que el ferrocarril fuese propuesto por primera vez, el emperador Alejandro III declaró que ya había oído bastantes ideas y que ya era hora de poner manos a la obra. En 1887 se formaron tres expediciones para explorar el territorio y diseñar el trazado del Transiberiano. El zar Alejandro III, el gran impulsor del ferrocarril, falleció en 1894 y fue su hijo Nicolás II, el último de los zares, quien concluyó el proyecto.


Convoyes de más de 500 metros
En 1891 comenzó la construcción de la vía férrea desde ambos extremos entre grandes dificultades debido al intenso frío y a la enorme distancia entre estaciones. La ruta principal fue inaugurada tras casi 13 años de trabajo, el 21 de julio de 1904. La construcción costó unos 250 millones de dólares. Está es la ruta conocida con el nombre de Rossiya que con una extensión de 9.288 kilómetros, une Moscú con la costa del Pacífico de Rusia, más concretamente con la ciudad de Vladivostok, importante puerto localizado en el mar del Japón. En los primeros años de servicio, la línea despertó gran interés en toda Europa comenzando incluso su explotación turística, pero la revolución bolchevique de 1917, terminó con la idea. No obstante el Transiberiano jugó un importante papel en el desarrollo de la Unión Soviética  En ese período el tren tuvo diversas mejoras como el desdoblamiento de la vía y la electrificación de todo el recorrido que se realizó entre 1950 y 1970. 

La construcción resultó una obra faraónica que costó miles de vidas y se tuvo que enfrentar a improvisaciones al proyecto, inundaciones, fiebres y enfermedades y hasta una guerra con los japoneses en 1904. Millones de árboles fueron talados, se construyeron 2.400 puentes y se perforaron siete grandes túneles a través de las zonas montañosas. Gran parte del trayecto transcurre a través de regiones permanentemente heladas, y los aludes, las zona pantanosas y los terremotos suponen riesgos añadidos a este viaje-aventura. Uno de los atractivos geográficos del viaje es el lago Baikal, que con 31.494 km² de superficie, 636 km de largo, 80 km de ancho y 1.680 m de profundidad, es el mayor lago de agua dulce de Asia y el más profundo del mundo.

Comedor de lujo del "Golden Eagle" transiberiano
El Transiberiano atraviesa ocho zonas horarias, aunque dentro del tren se mantiene la hora de Moscú. El recorrido, que requiere cerca de 7 días de viaje, constituye el servicio ferroviario continuo más largo del mundo. El tren cruza 16 ríos de gran caudal, y une 5 ciudades con una población superior a un millón de habitantes (Moscú, Perm, Ekaterinburgo, Omsk, Novosibírsk), además de otras nueve ciudades con más de 300.000 habitantes, haciendo un total, 91 paradas entre Moscú y Vladivostok. En realidad el trazado del tren ha creado una franja bastante poblada y desarrollada a lo largo del territorio que atraviesa, compuesta por unas 90 ciudades.

Pese a las enormes distancias y al uso preferente del avión, el transporte de pasajeros por tren en Siberia sigue contando hoy en día con muchos adeptos. Hay numerosos turistas extranjeros que veranean en el lago Baikal, y suelen aprovechar para recorrer de paso, algunos de los tramos del Transiberiano. Sin embargo, la línea de ferrocarril más larga del mundo se ha puesto de actualidad, no por su connotación aventurera y romántica, sino porque pronto se convertirá en el principal eje para el transporte de mercancías entre Asia y Europa. Eso es al menos lo que se propone lograr a corto plazo la Compañía Estatal de Ferrocarriles Rusos, (RZhD), que prevé la construcción de 20.000 kilómetros adicionales de vía, la renovación del parque de locomotoras y vagones, la automatización de los sistemas de control y la puesta al día de la red de señalización con una inversión global de cerca de 400.000 millones de euros de aquí a 2030. 

Bordeando el lago Baikal
De este modo, el Transiberiano, se convertiría en un corredor de carga entre el Extremo Oriente y Europa para que las mercancías lleguen a su destino en un tiempo máximo de una semana. Los plazos actuales de envío desde China a Europa por vía marítima, oscilan entre dos y seis meses, así que es evidente el interés que despierta esta nueva "Ruta de la Seda".

En este enlace, podéis ver un vídeo de la ruta completa del Transiberiano filmada desde la ventanilla y a la vez, de forma sincronizada, un mapa mostrando la posición del tren en ese momento. Si pinchas en cualquier punto de la ruta azul, el vídeo avanza al nuevo lugar. En el cuadro "Travel route" están los puntos más destacados del recorrido. Una tranquila y barata forma de hacer el viaje desde casa, pero recomiendo no verlo todo porque supone unas... ¡150 horas de vídeo!

martes, 2 de octubre de 2012

España... como siempre

Vivimos ahora una época de tensiones, intrigas y manejos políticos en torno a la unidad nacional, donde cada aprovechado tira de la manta para su lado sin importarle dejar al vecino con el culo al aire. Oímos propuestas que no pasan de ocurrencias oportunistas para pescar en río revuelto. La colección de desatinos va del centralismo, al federalismo, las autonomías, foralismo, confederalismo, república federal, estados asociados e independencia. Tantas fórmulas como interpretaciones interesadas y la mayor parte carentes de rigor y sobre todo de sentido común.

Cuando se lee la historia con la suficiente perspectiva que da el paso del tiempo, no se puede menos que sonreir. En efecto, hay sucesos que a pesar del dramatismo del momento, han quedado para la historia como anécdotas y chascarrillos. Además dejan patente que lo que hoy ocurre, ya sucedió en el pasado y en muchos casos fue intrascendente o terminó mal.

He aquí algunas anécdotas del separatismo en el siglo XIX, en el período de la I República. Un tiempo lleno de episodios grotescos que ahora nos harían sonreir si no hubiesen sido el origen de desórdenes, linchamientos, ajustes de cuentas, robos, latrocinios... y en el que se pusieron las bases de posteriores calamidades históricas que han llegado hasta nuestros días.

La llegada de la I República

Se cuenta en la tradición madrileña, que el 11 de febrero de 1873, al rey Amadeo I de Saboya le comunicaron el "despido" mientras esperaba su comida en el restaurante del Café de Fornos. De inmediato, anuló el pedido, pidió una grappa, recogió a su familia, renunció al trono y, sin esperar la preceptiva autorización de los diputados, se refugió en la embajada italiana. En su discurso de despedida dejó escrita una gran frase: 

"Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación, son españoles"

Dos años necesitó el italiano para conocer el percal y con desespero, arrojar la toalla.

La bandera de España se mantuvo
durante la I República, eliminando
únicamente la corona monarquica
Ese mismo día, el federalista Francisco Pi y Margall presentó la propuesta republicana en las Cortes. La Asamblea Nacional aprobó el advenimiento de la I República, por mayoría absoluta, con 258 votos a favor y 32 en contra, a pesar de la mayoría de parlamentarios monárquicos de la Cámara. Amadeo I dimitió de inmediato y se largó a Italia echando pestes de los españoles, dando paso a un nuevo sistema de Gobierno en España que se recuerda como ejemplo de inestabilidad institucional, gobiernos breves e ineficaces y sobre todo, por el intento de organización federal del Estado que derivó en una atomización cantonal y después en una espiral revolucionaria.

La "fuga" de Figueras.

En menos de un año, la I República tuvo cuatro presidentes. El primero de ellos fue Estanislao Figueras, catalán progresista y demócrata que tuvo que enfrentarse a una situación absolutamente esperpéntica. Diputados monárquicos votando por la república; republicanos centralistas votando por el estado federal, republicanos federalistas exigiendo el sistema confederal, sublevaciones de cantones soberanistas por todo el país, el estallido de la Tercera Guerra Carlista, la Guerra de los Diez Años en Cuba, una crisis económica de dimensiones mundiales, una deuda exterior apabullante y una corrupción e inoperancia parlamentaria suicida, con diputados y senadores cuyos usos eran incluso peores que los actuales.

Alegoría de la I República
En medio de aquel gallinero llamado España, Figueras, que era hombre cabal y de buenas maneras, tras cuatro meses de locura, no pudo más y explotó en un consejo de Ministros con una frase en catalán para la historia: "Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!". Al día siguiente, sin comunicarlo a nadie, escribió su carta de dimisión, discretamente la dejó sobre el escritorio y salió a dar una paseo por el parque del Retiro. En vez de regresar, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha y no se bajó hasta llegar a París. Dicen que dos días después envió un telegrama: "Soy Figueras -stop- estoy en París -stop- llegué bien -stop- saludos" 

La nueva Constitución

Las Cortes Constituyentes aprobaron el establecimiento de la República Federal, con 219 votos a favor y 2 en contra, el día 8 de junio de 1873. La victoria de los federalistas se dio en un marco de escasísima participación en la que se mantuvieron al margen el resto de fuerzas políticas y sociales por lo que el resultado no fue en absoluto, representativo de la realidad social y política de España.

La nueva constitución, que nunca llegó a ser redactada en su totalidad, preveía una organización federal a la manera de los EE UU. España quedaría articulada en 17 Estados autónomos con su propio poder ejecutivo, legislativo y judicial, que cederían parte de su soberanía al poder central de la República en la representación de los intereses nacionales.

Sin embargo, antes de que la Carta Magna hubiese sido concluida, la revolución cantonalista se extendió como un reguero de pólvora. Y no fue en forma de 17 estados regionales históricos, como estaba siendo debatido, sino en una pléyade de cantones locales independientes y minúsculos, entre ellos las “naciones” de Valencia, Alcoy, Cartagena, Sevilla... y la más pintoresca y efímera, la nación de Jumilla cuyo manifiesto fundacional es una joya impagable: 
"La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina. Pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra."
Mapa de los conflictos en España durante la I República

El cantón de Cartagena

En Cartagena, los republicanos federales proclamaron el cantón el 12 de julio de 1873, colocando su bandera en el castillo de San Julián. Los cantonalistas ocuparon el Ayuntamiento, el Arsenal y las baterías de costa, consolidando la más importante de las aventuras secesionistas de la historia de España.

La proclama tuvo su anécdota, que hoy nos parece de broma pero que en su momento fue dramática. Con el triunfo de la insurrección, en medio del caos y la confusión propia del momento, un despacho de la capitanía llegó al Ministerio de Marina informando de una singular noticia en una de las fortalezas de la base naval: "Castillo San Julián enarbola bandera turca". Esto llevó al ministro a preguntarse si en Cartagena estaban todos locos. ¿Que habia sucedido?. Pues que la señal convenida de la toma del castillo para informar a la flota e iniciar la sublevación, era el cañonazo y el izado de la bandera roja, pero ocurrió que no había ninguna de ese color y en medio de las prisas, echaron mano de la más parecida: la bandera turca.

El cantón de Cartagena permaneció independiente del Gobierno central debido a que era una ciudad fortificada y a que contaba con el arsenal y el grueso de la flota española, lo que le permitió además, saquear las "naciones" vecinas de Almería y Alicante imponiéndoles impuestos para financiar el cantón. La Junta Revolucionaria creó el periódico "El Cantón Murciano", para la difusión de sus ideas y noticias, y en un gesto de ingenua honradez, acuñó moneda con un peso y una ley de plata superiores a los de la moneda oficial del Estado.

Alfondo XII llegó al trono con 17 años de edad

El 3 de enero de 1874, el general Serrano instauró una dictadura republicana y decretó la disolución de las Cortes Generales. El nuevo presidente consiguió la derrota definitiva del cantón de Cartagena mediante su conquista por el general José López Domínguez el 12 de enero de 1874. Los cantonalistas se rindieron tras un asedio continuado de seis meses y la destrucción de la mayor parte de la ciudad en los bombardeos. Los insurrectos se enfrentaron a penas de muerte o cárcel tras la entrada de las tropas. Los más afortunados, como el líder cantonal Antonete Gálvez, lograron huir al exilio de Argelia y algunos consiguieron una amnistía del Gobierno. Una vez resuelto el problema cantonal, el general Serrano delegó el poder político para dirigir la lucha del ejército contra las tropas carlistas en el Norte peninsular. El general Arsenio Martínez Campos selló el final de la I República con el triunfo del golpe de Estado de Sagunto el 30 de diciembre de 1874, que supuso la restauración de la monarquía en el rey borbón Alfonso XII.