Google+ Aislado en este planeta: La vuelta al mundo

viernes, 9 de diciembre de 2011

La vuelta al mundo


En la imaginación y en los sueños de cualquier ser humano, en cualquier época, podemos encontrar una idea en la que se puede fantasear de mil maneras: Un viaje dando la vuelta al mundo.
En la actualidad el sueño puede hacerse realidad con cierta facilidad. Sólo hace falta un poco de dinero, tiempo suficiente y la voluntad de hacerlo. De hecho, es tan fácil que hay viajes organizados para rodear el globo terraqueo pasando por los cinco continentes, en un par de meses, a partir de unos 10.000€.

La primera vuelta al mundo
Pero a lo largo de la historia, desde que se sabe que la tierra es redonda, este viaje ha despertado pasiones y ambiciones y en cada época ha tenido sus protagonistas y sus anécdotas. En los últimos años se ha buscado establecer algún tipo de record o marca distintiva. Así tenemos la vuelta al mundo en velero, en avión, en globo o en bicicleta.

Se puede señalar el record del Earthrace, un trimarán de 24 metros de eslora, cuyos motores se alimentan con biocombustibles, que ha conseguido el récord Guiness al dar la vuelta al mundo por mar en 60 días, 23 horas y 49 minutos.
Tambien es destacable el record del aviador suizo Riccardo Mortara y sus dos ayudantes con un pequeño jet privado Rockwell Sabreliner 65, que partiendo de Ginebra regresaron al mismo punto en algo menos de 58 horas, sobrevolando 33 países con 10 escalas para repostar y recorriendo 36.900 kilómetros. La marca pudo ser mejor ya que tuvieron que alargar la ruta debido a la erupción del volcán islandés.

Pero remontándonos hacia atrás en el tiempo, encontramos un famoso episodio que aunque ficticio, muestra las posibilidades que había para efectuar este viaje en el siglo XIX. Se trata de "La vuelta al mundo en 80 días", famosa novela del escritor francés Julio Verne publicada en 1872. En ella se narran las aventuras del caballero inglés Phileas Fogg , que por una apuesta con sus colegas del Reform Club arriesgará la mitad de su fortuna en el empeño de dar la vuelta al mundo en sólo ochenta días usando los medios disponibles en la segunda mitad del siglo XIX y siguiendo el proyecto publicado en el "Morning Chronicle", su diario de lectura cotidiana.

Lo acompañará su criado francés Picaporte, y tendrá que lidiar no sólo con los retrasos en los medios de transporte, sino con la pertinaz persecución del detective Fix, que ignorando la verdadera identidad del caballero, se incorpora a la aventura a la espera de una orden de arresto de la corona inglesa, en la creencia de que, antes de partir, Fogg robó el Banco de Inglaterra.
Al final de la historia, cuando Phileas Fogg regresa a Londres, cree haber perdido la apuesta al sobrepasar por varias horas los 80 días, pero resulta que al hacer el recorrido viajando hacia oriente, ha empleado un dia menos por lo que, para su sorpresa, resulta ganador.

Aunque la verdadera épica hay que buscarla en los viajes de exploradores y aventureros del siglo XVI y sobre todos ellos, el que consiguió dar la primera vuelta al planeta: la expedición de Magallanes y Elcano.

Fernando de Magallanes fue el navegante portugués que puso en marcha esta expedición española. Siendo joven, Magallanes había viajado a la India en una expedición portuguesa durante la cual obtuvo informes de la existencia de las Islas Molucas, muy ricas por la abundancia de las entonces carísimas especias. De vuelta a Portugal pensó en organizar una ruta viajando hacia el oeste, pensando que sí las islas estaban más allá de la India no deberían estar muy lejos de los nuevos territorios americanos. El proyecto de Magallanes se basaba como el de Colón en un dato cierto, que la tierra es una esfera, y en uno equivocado, las dimensiones de esta esfera, que ambos consideraron mucho menores de las reales.

Réplica de la Nao Victoria en Sevilla
El reto consistía en hallar un paso por el sur de América que permitiese llegar a las Molucas y sus riquezas. Este proyecto no entusiasmó al rey de Portugal, por esto Magallanes abandonó su país y le expuso sus planes a la corona española. Magallanes se entrevistó con el rey Carlos al que expuso dos razones convincentes: la ruta por el oeste era posible y más corta, y las islas Molucas debían estar en la parte española del mundo que había fijado el Tratado de Tordesillas. El rey español aceptó el plan de Magallanes con el cual firmó un acuerdo o capitulación semejante al que los Reyes Católicos firmaron con Cristóbal Colón en 1492.

La expedición formada por cinco naves con unos 250 hombres a bordo y con Magallanes al mando de la flota se hizo a la mar en agosto de 1519. Tras pasar por las Canarias se dirigió hacia Sudamérica, viajando más al sur de lo que hoy es Brasil y donde exploraron cada porción de aquellas desconocidas costas, bordeando cada golfo y cada estuario (como el gigantesco Río de la Plata), buscando el paso hacia el océano Pacífico. 

Tuvieron que pasar el invierno austral en el sur de Argentina donde la expedición sufrió un motín que supuso la pérdida de dos de las cinco naves. Cuando terminó la estación fría, siguieron hacia el sur hasta encontrar el paso que hoy llamamos Estrecho de Magallanes. Los historiadores reconocen la enorme dificultad que tuvo encontrar este paso en una zona que puede definirse como un auténtico laberinto geográfico, y el mérito que tuvo atravesarlo sin daños, pues esta parte del mundo es famosa por sus dificultades meteorológicas, lo que convierte a la expedición de Magallanes en una auténtica hazaña.

El Estrecho de Magallanes
Una vez entrados en el océano al que bautizaron como Pacífico, empezaron una travesía que Magallanes esperaba que fuese corta hacia el oeste en dirección a Asia. La trascendental decisión de proseguir el viaje después de más de un año de navegación, sufrir un motín y perder hombres y barcos, sólo puede entenderse por la creencia de Magallanes en la proximidad de las costas asiáticas. En concreto Magallanes pensaba que lo que había más allá del paso era un pequeño mar, cuando en realidad era el mayor de los océanos y que la tierra firme más cercana se encontraba a varios miles de kilómetros.

La expedición de Magallanes se desplazó durante tres meses por el Pacífico sin ver nunca tierra y casi sin comida. A causa de la falta de alimentos frescos muchos marineros enfermaron de escorbuto y la mayor parte murieron. La expedición ya en un estado desesperado alcanzó la isla de Guam en enero de 1521, lo que les salvó la vida. En su siguiente descubrimiento, las Islas Filipinas, Magallanes encontró la muerte en una escaramuza con los nativos. No consiguió, por tanto, terminar la circunnavegación del mundo, pero había recorrido ya la parte más desconocida y demostró que su plan (y el de Colón) era viable: alcanzar oriente por occidente.

Monumento a Elcano en Guetaria
La expedición continuó al mando de Juan Sebastián Elcano, marino español natural de Guetaria, que después de alcanzar las islas Molucas y cargar especias, inició el viaje de regreso por la ya conocida "ruta portuguesa" a través del Índico para rodear por el sur de África y acabar llegando a España en septiembre de 1522. 
De las cinco naves que partieron sólo completó la vuelta al mundo una, la Victoria, y de los 250 hombres que embarcaron tres años atrás, sólo volvieron 18. Estos fueron los primeros humanos en dar la vuelta al planeta y, aunque este no era el objetivo de la expedición, es lo que les hizo pasar a la historia, en especial a Juan Sebastián Elcano, al cual el rey Carlos I le concedió un escudo de armas coronado con un globo terráqueo e ilustrado con la leyenda o divisa "Primus circumdedisti me", que significa "el primero en rodearme"

Como curiosidad debe añadirse que después de descargar el único barco que terminó la travesía, se calculó que el valor de las especias transportadas servía para pagar los gastos de la expedición e incluso producir beneficios. Esto puede ilustrar el enorme negocio que suponía el comercio de estos productos y explica los tremendos esfuerzos y peligros que los marineros de la época se atrevían a soportar. La dificultad de la expedición planeada por Magallanes queda de manifiesto porque hasta cincuenta años después, nadie se atrevió a repetir semejante viaje. 

Pero quien si se atrevió y por partida doble, fue Martín Ignacio de Loyola, un monje franciscano, nacido en Eibar y misionero en China, que fue la primera persona que dio dos veces la vuelta al mundo, la primera navegando hacia el oeste en los años 1580-1584 y la segunda en dirección este, entre 1585 y 1589.

No hay comentarios:

Publicar un comentario